martes, abril 14, 2009

SUICIDIO DE LA IGLESIA


EEUU: líder bautista denuncia el «suicidio de la iglesia» con pastores sin fe real en Dios
Albert Mohler, presidente del Seminario teológico de los Bautistas del Sur, ha publicado recientemente un artículo en el que da una visión representativa de lo que su denominación opina sobre las teologías protestantes liberales. Titulado “¿Cree tu pastor en Dios?”, el conferenciante y teólogo se muestra preocupado por la aparición de “ateos que predican desde el púlpito”.
Mohler empieza el artículo citando “un reciente reportaje desde Holanda”, que “apunta a una forma de locura teológica” que se estaría extendiendo. Describe el autor que autoridades eclesiales holandesas han decidido no tomar acciones contra un pastor que “abiertamente se considera ateo”. Y finaliza defendiendo que “la iglesia tiene la responsabilidad de clarificar los temas y defender la fe”, porque “si no, no es iglesia”. Y concluye que mientras Holanda ha tenido repercusión internacional debido a que ha impulsado la eutanasia, ahora se estaría dando allí algo nuevo pero similar, “el suicidio de una iglesia”, en relación a casos como el de Klaas Hendrikse. EL CASO HENDRIKSE Mohler explica que Klaas Hendrikse, ministro en una Iglesia Protestante, ya en 2007 publicó un libro que fue descrito como un “manifiesto de un pastor ateo”. En él, Hendrikse argumenta a favor de la no existencia de Dios, aunque insiste que cree en él como un mero concepto. El propio Hendrikse escribe que “la no existencia de Dios no es para mí un obstáculo sino una precondición para creer en Dios, es decir, soy un ateo que cree”. Más adelante dice que “Dios no es para mí un ser, sino una palabra para lo que puede suceder entre personas. Alguien por ejemplo, dice ‘no te abandonaré’, y eso convierte estas palabras en verdaderas. Sería perfecto llamar a esto, pues, Dios”. ATEOS “EN EL ARMARIO” Mohler, en el artículo, considera que “aunque este tipo de lenguaje teológico puede ser chocante, no es tan poco común”. El autor considera que existen teólogos cristianos que “en realidad pueden ser ateos o que no necesariamente creen que Dios exista”, pero que de alguna forma consideran que el “concepto de Dios puede ser útil” para el ser humano. Más adelante, Mohler argumenta que “la mayoría de cristianos estarían muy afectados y escandalizados si supieran que su pastor es ateo, y que no sólo eso, sino que además tiene la intención de seguir siendo el pastor”. Pero en el “entorno doctrinalmente desarmado de muchas denominaciones, el trabajo de un pastor ateo no sólo es entendible, sino real”. De alguna forma, explica Mohler, “Hendrikse es simplemente más abierto respecto a su ateismo de lo que lo son otros”. El autor sigue diciendo que “muchos protestantes de teología liberal creen que Dios es, finalmente, un concepto intelectual que puede dar sentido a la vida”, y “no un ser divino que es real, que tiene vida por si mismo, y que es soberano sobre todo lo creado”. EL PROBLEMA: LA NO REACCIÓN También es preocupante, para el representante bautista, que en el caso del pastor holandés, “ninguna de las dos denominaciones de las que forma parte Hendrikse le ha pedido su dimisión o ha empezado un proceso disciplinario”. Solo se anunció a los creyentes que “se abriría un debate sobre el sentido de las palabras (usadas por Hendrikse) que logre aclararlas”, y que sólo a partir de ese punto se plantearía cuáles podrían ser los siguientes pasos. “Así es el mundo protestante de teología liberal”, concluye Mohler, una denominación cristiana “que no exige a sus pastores que crean en Dios es una denominación que ha llegado al punto más bajo en términos de demencia teológica”. Porque en realidad, “la autodestrucción teológica de la iglesia no empieza con un pastor que no cree en Dios”, sino “con la negación de una doctrina aquí, y la negación de otra allá”. Así, según una fuerte frase del autor, “la cobardía de los burócratas de la iglesia abre una puerta a cualquier tipo de aberración teológica, y así se llega finalmente, claro, a tener a un ateo en el púlpito”.
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MÁS INFORMACIÓN Puede leer aquí el artículo original de Mohler “¿Cree tu pastor en Dios?”.
Fuente: Albert Mohler.com. Redacción: Joel Forster, ACPress.net

lunes, abril 13, 2009

UN SUEÑO ROTO


El sueño de su vida era ser misionero, y parecía como si finalmente se fuera a hacer realidad. Sentado en la oficina de la agencia misionera, el nervioso joven le aseguró al entrevistador que él y su flamante esposa estaban decididos a trabajar duro, administrar sus recursos como buenos mayordomos, y procurar que se proclamara a Cristo al mayor número de personas posible. Confiaban en que todo su futuro estaba saliéndole a pedir de boca.Pero pronto todo iba a parecer como si su sueño se fuera a hacer añicos. Durante su preparación para vivir entre otras culturas él y su esposa se percataron de que ella nunca resistiría los rigores de vivir en el extranjero. Ella era demasiado frágil y débil. Si iban al África, como habían planeado, era seguro que ella moriría.Confuso y destrozado emocionalmente, el joven fue a trabajar para su padre, que era dentista y que tenía un pequeño negocio colateral que producía vino sin fermentar para los cultos de la Santa Cena en las iglesias.Al envejecer su padre, el joven se hizo cargo de este negocio secundario. Un día se le ocurrió que tal vez podría todavía tocar al mundo para Cristo.Podría todavía cumplir las palabras que le había dicho al representante misionero ese día. Trabajaría duro, sería un buen mayordomo de sus recursos, y procuraría que se proclamara a Cristo a tantas personas como fuera posible; solo que lo haría de una manera un poco diferente.Mantendría su promesa sosteniendo financieramente a otros que podrían ir al extranjero como misioneros.Trabajó duro, y con el tiempo logró desarrollar la compañía en una empresa gigantesca. ¿Cómo se llamaba?Welch.Hoy su jugo de uva se vende en todas partes. El Sr. Welch ha ofrendado gigantescas sumas de dinero a la causa de las misiones mundiales. Irónicamente, ha hecho mucho más por la evangelización mundial que lo que podría haber hecho trabajando duro personalmente en el campo misionero. Debido a que se adaptó a sus circunstancias y floreció en donde estuvo plantado, llegó a ser un compañero valioso de las misiones en todo el mundo.
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Extraído de "El Poder de una Alianza en la Iglesia", EditorialBethania,
por John C. Maxwell
Cuando una puerta se cierra, no te des por vencido, quizas hay otras puertas que no haz visto y que se abrirán para hacer incluso mucho más de lo que inicialmente habías pensado.
Cuál fue la última puerta que se cerró?
Ya encontraste la nueva puerta? No olvides con Dios siempre hay nuevas puertas delante de nosotros.

De cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos. Gen 22:17

Conozco tus obras. Mira que delante de ti he dejado abierta una puerta que nadie puede cerrar.
Ya sé que tus fuerzas son pocas, pero has obedecido mi palabra y no has renegado de mi nombre. Apoc 3:8
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"Haz lo que mejor sabes hacer y triunfaràs en la vida"



Recientemente presenté una conferencia donde compartía de “Como ir a la Crisis a la Tierra de las Oportunidades” y esta frase se quedó grabada en mí, de hacer lo mejor que pueda con los talentos que tengo para superar esta crisis. Este tema pareciera cansar, pero es lo que muchos están viviendo y mi misión es que puedan darle otra mirada a la crisis y vivan la vida que Dios diseñó para cada uno.Piense por un momento que cuando Dios inició la creación, en la tierra había un caos, esto es igual a crisis. Para que haya un nuevo orden se hace necesario el desorden. Para sobrevivir a las crisis y tener éxito, cualquier persona u organización tendrá que convertirse en un agente de cambio y el modo más eficaz de gobernar el cambio con éxito es crearlo. Eso es lo que hizo Dios creo un nuevo mundo y eso es lo que El espera que nosotros hagamos.En la biblia, que es el gran libro se registra una crisis en Génesis 26, era una gran hambruna y no fue la primera, anteriormente hubo otra en tiempos de Abraham, pero ahora sucede con su hijo Isaac quien se fue a Guerar a vivir como refugiado y allí en esa tierra llegó a ser prosperado. Dios usó una crisis para prosperar a Isaac y estoy seguro que Dios también en estos tiempos quiere prosperarte y llevarte a la tierra de las oportunidades.Indudablemente que los sucesos del mundo nos afectan a todos, no podemos ignorarlos pero tampoco debemos ignorar que nuestra vida no es regida por las variables económicas, financieras, estados de ánimo y emociones. No podemos ser como el avestruz que entierra la cabeza en la tierra para negarse a ver la realidad de un mundo que está cambiando constantemente. La crisis es real y si usted la ignora no es la mejor solución. El asunto es poder abordar el cambio. No todos viven las crisis. Hay personas y empresas que no están siendo afectados por la crisis. También hay un dicho que dice que si del cielo te caen limones aprende a hacer limonadas. Y cuando sabes hacer limonadas estas más cerca de disfrutar la vida, de tener esa paz y esa tranquilidad. Y si vas a hacer limonadas se el mejor en tu área.Dios nos ha dado la habilidad para responder ante la crisis, pero es nuestro compromiso lo que nos llevará a un futuro extraordinario.El poeta Pablo Neruda escribió:…Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande que el más grande
de los obstáculos, mírate en el espejo de ti mismo
y serás libre y fuerte y dejarás de ser un títere de las circunstancias
porque tu mismo eres tu destino.

Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer.
Tú eres parte de la fuerza de tu vida, ahora despiértate,
lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida;
nunca pienses en la suerte, porque la suerte es:
el pretexto de los fracasados.Para superar la crisis necesito aprender de mis propios errores que me llevaron a crearla, tengo que enfrentar mis temores, el miedo y nosotros tenemos dos armas, una es el amor y la otra es la fe. Así que tu no estas desprovisto, tienes todo lo que necesitas para triunfar, lo que necesitas es compromiso contigo mismo. Debes proponerte salir de la crisis y actuar, tus acciones tienen gran impacto en la vida que vives.En estos tiempos para superar la crisis necesito desarrollar flexibilidad, resiliencia. Flexibilidad es igual a incertidumbre, cambio. ¿Cómo soy ante los cambios?Si tus pensamientos y emociones son rígidos como el bambú la tendencia es a romperse, pero si son flexibles como un bebe tu esquema te llevará a crecer. Si te lo digo en cristiano debes de ser como un niño para ir a la tierra de las oportunidades. Recuerdan a los que entraron a la tierra prometida, fueron los niños y adolescentes, excepto Josué y Caleb quienes pensaron positivamente y confiaron en Dios ante la crisis de los gigantes cananeos.La crisis habla de nuestra historia, de nuestro pasado, de nuestros pensamientos. No nos relacionamos con la crisis sino con nuestra historia. Como personas necesitamos desarrollar seguridad y confianza.Eso fue lo que hizo Isaac cuando venció sus temores, Isaac sembró semillas ese mismo año y recogió cien veces más. El trabajó como si fuera el mejor tiempo, pero lo hizo mostrándose tal como el era. Cuando nos mostramos tal como somos podemos lograr grandes cosas. Isaac no miro los vientos, ni las nubes, ni CNN, ni consultó la Bolsa de Valores, él hizo lo mejor que podía hacer y logró resultados extraordinarios.Isaac hizo lo que hacen las personas exitosas: reconoció sus talentos y los usó en el lugar adecuado. ¿Conoce usted sus talentos? ¿Los está usando o lo está guardando? ¿Que haría si no tuviera miedo de utilizarlos? ¿Cuál es tu excusa?Tres cosas que debes tener presente:1. Toda crisis finaliza.2. Cada crisis produce gente capaz de superarla.3. La crisis nunca será el problema, sino la respuesta que demos al problema, la que hará la diferencia.Para superar la crisis debemos vencer nuestros temores, confiar en Dios y dar lo mejor de nosotros con los talentos que tenemos como si fuera la mejor época, así que cuando lleguen mejores tiempos estemos preparados.
Hoy es el mejor día para hacer brillar tus talentos, persevera y alcanzarás tus sueños.
Pedro Sifontes
Cristianowww.liderazgocreativo.com

¿Vivir por vivir? o ¿Vivir en paz?


Estas son algunas estrategias de Napoleón Hill, divulgadas en su libro "La magia de pensar en grande". El empleo apropiado de estas técnicas te ayudará a mejorar la calidad de tus relaciones y, por lo tanto, la calidad de tu vida.
1. Mantente fresco cuando otros estén furiosos y pierdan la cabeza.
Tú tienes el control sobre tus emociones, no lo pierdas. No se trata de no demostrar tu molestia, sino de hacerlo mesuradamente, sin después arrepentirte de una acción cometida en un momento de descontrol.
2. Recuerda que cada discusión tiene al menos tres puntos de vista: el tuyo, el del otro y los de terceros, los cuales probablemente están más cerca de la objetividad. Siendo más versátil y viendo las cosas desde la perspectiva de los demás enriquecerás tu propio punto de vista.
3. Espera a calmarte antes de hablar.
Ten en cuenta que la relación es más importante que la discusión. Dale más relevancia a las personas que a las opiniones.
4. Trata a toda persona con la cual tengas contacto como si fuera un pariente rico, de quien esperas ser incluido en su testamento.
Nunca te arrepientas de tratar muy bien a la gente. Es el mejor negocio en todos los sentidos.
5. Busca el lado positivo y agradable, aun de las situaciones más complicadas y dolorosas.
Es una disciplina que te ayudará a pasar más fácilmente los momentos difíciles y a convertir los problemas en oportunidades.
6. Establece el hábito de hacer preguntas y, sobre todo, de escuchar las respuestas.
Pregunta antes de reaccionar. Algunas veces disparamos y después preguntamos.
También preguntamos, pero escuchamos para contestar, y no para tratar de entender.
7. No hagas o digas nada que pueda herir o hacerle daño a otra persona.
Aférrate al proverbio que dice que todo lo que uno haga, se devolverá. La gente no recuerda tanto lo que tú dices o haces, sino la intención con la que lo haces.
8. Sé consciente de la diferencia entre análisis amigable y crítica destructiva.
Observa si el propósito de tus palabras es ayudar, desahogarte o hacer daño.
9. Ten presente que si toleras a los demás, ellos también serán pacientes contigo en los aspectos no muy gratos de tu personalidad.
10. El verdadero líder sabe reconocer sus errores y aceptar responsabilidad.
No olvides que un conflicto bien manejado fortalece la relación, y te ayuda a aprender de las diferencias. Pensar positivamente es una disciplina que, ejercitada con constancia, te dará el poder de cambiar tuentorno y por consiguiente, tu vida.
La vida está llena de conflictos, pero recordemos, Lo que realmente nos afecta no es o que nos sucede sino como reaccionamos a lo que nos sucede.
Job 5:2 Porque el enojo mata al insensato,y la ira da muerte al necio.
Job 18:4Oh tú, que te desgarras en tu ira!¿Ha de ser abandonada la tierra por tu causa,o removida la roca de su lugar?
Santiago 1:20 Pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere.
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viernes, abril 10, 2009

Los profetas tienen un grave peligro:!No saben callarse!(Apo.18)





Juan Stam, Costa Rica

Este capítulo es sumamente fuerte y, para Juan y las iglesias, muy peligroso. En un discurso casi exclusivamente económico y político, Juan se declara, sin tapujos y sin ambages, enemigo del imperio romano. Emplea todo el arsenal del género apocalíptico para denunciar a la gran Babilonia: el oráculo profético, la sátira, la canción de protesta y la celebración himnódica de la ruina del imperio.1 Lo más atrevido fue invitar a los lectores a celebrar jubilosos la futura destrucción del imperio y su capital.

Si Juan hubiera escrito este capítulo hoy, sin duda lo habrían tildado de extremista, subversivo, prejuiciado y a a lo mejor de amargado. Objetivamente visto, el imperio romano ofrecía grandes beneficios a sus ciudadanos (claro, para los esclavos y no-ciudadanos era un cuento muy diferente, pero estamos hablando de la gente importante, la gente con status social, no los negros e indígenas). Sin duda, los sociólogos y economistas del imperio podrían sacar impresionantes estadísticas "per cápita" para mostrar que, en general, la población (los ciudadanos) estaban bastante bien. ¿Por qué tenía que ser tan anti-patriótico Juan de Patmos?2

El ojo profético de Juan le revelaba una realidad muy diferente al consenso de su época, de la "opinión pública" prevaleciente. Juan no podía contemplar el imperio objetivamente, como si él fuera neutral. Juan tenía muchos y grandes prejuicios -- contra el imperio, a favor de los pobres, a favor del reino de Dios y su justicia. ¡Benditos prejuicios! Con esas convicciones, su agudo análisis de la realidad lo hizo un inconforme incurable y un desadaptado social. Como profeta no podría ser otra cosa.

Los profetas y profetisas son personas que han visto a Dios y a la vez están viendo a la realidad del mundo. En Apocalipsis 4-5 Juan está en el cielo, con una visión de Dios y su trono, escuchando las alabanzas de millones de ángeles. Pero en seguida, con la visión de los jinetes, Juan levanta su voz de protesta profética contra el imperio con su militarismo (caballo rojo), injusticia económica (caballo negro), epidemias (caballo amarillo), persecución (quinto sello) y sus estructuras de poder y estratificación social (sexto sello; Ap 6:15-17). Juan oye los cánticos celestiales pero oye también el clamor de las víctimas del imperio.3

Ser profeta tiene dos dimensiones, una vertical y una horizontal, por decirlo así. El profeta ha estado con Dios, ha visto a Dios y conoce a Dios íntimamente, y ve todo desde la perspectiva de Dios. Pero el profeta también vive cerca de su pueblo y ve su realidad. Ambas dimensiones son esenciales. Si sólo ve a Dios, puede ser un místico pero no un profeta. Si sólo ve al mundo, puede ser un sociólogo o un economista, pero tampoco un profeta. El profeta Elías nos da un ejemplo de esta profecía comprometida. Era varón santo, portador del Espíritu y hombre de oración, pero para traer vida al hijo de la sunamita tuvo que subir y extenderse, en contacto chocante y peligroso, sobre el cadáver del niño (2 R 4:32-36; cf. 1 R 17:21). El profeta vive en contacto íntimo con Dios y en contacto con el pueblo, con todos los riesgos correspondientes.

Los profetas tenían (y tienen) el gran problema de realmente creer en Dios, y realmente amar al prójimo y a la justicia (Jer 50:25,31,34; cf. Ap 18:8). Tienen el problema muy incómodo de haber visto al Señor y haber escuchado su voz. Eso no les ayudaba a adaptarse a la sociedad como personas normales y tranquilas. Después de un encuentro con Dios, nadie puede seguir siendo conformista. "Al encontrarme con tus palabras", dice Jeremías (15:16-17), "yo las devoraba, ellas eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo llevo tu nombre... He vivido solo, porque tu estás conmigo y me has llenado de indignación". Esa paradójica mezcla de deleite y furia es lo que mueve a los profetas.

Los profetas no eran profetas porque ellos querían serlo, sino porque sabían que Dios les había llamado para hablar en su nombre. No escogieron ser profetas; Dios los obligó, contra su propia voluntad. "El Espíritu me levantó y se apoderó de mí, y me fui amargado y enardecido, mientras la mano del Señor me sujetaba con fuerza" (Ez 3:14).4 Son conocidas las palabras de Amós: "Yo no soy profeta ni hijo de profeta... Pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: 'Ve y profetisa a mi pueblo Israel'" (7:14-15). Isaías relata en términos poderosamente dramáticos su propio llamado al ministerio profético (Is 6:1-13) y lo vuelve a describir más adelante:

El Señor me llamó antes de que yo naciera,en el vientre de mi madre pronunció mi nombre.Hizo mi boca una espada afilada...me convirtió en una flecha pulida (Is 49:1-2)
Jeremías, el profeta angustiado y lloroso, era profeta a pesar suyo. Fue tan amarga su experiencia profética que dijo que lamentaba haber nacido (15.10; 20:14-15), pues nació para ser "hombre de contiendas y disputas contra las naciones. No he prestado ni me han prestado, pero todos me maldicen" (15:10). Acusó a Dios de haberlo seducido y forzado a ser profeta contra su voluntad (20:7). Ahora, todo el mundo se burla de él, por lo que "la palabra de Yahvéh no deja de ser para mí un oprobio y una burla" (20:8). Pero a pesar de todos los pesares, Jeremías no puede callarse:

Si digo: "No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre", entonces su palabra en mi interior se vuelve un fuego ardiente que me cala hasta los huesos.He hecho todo lo posible por contenerlo, pero ya no puedo más (20:9)
¿No es acaso mi palabra como fuego,como martillo que pulveriza la roca? (23:29)
Los profetas no podían callarse, porque la Palabra de Dios los consumía. En ellos había nacido un imperativo ineludible de levantar su voz. Un cántico cristiano, que se llama "el profeta", capta la poderosa urgencia de la palabra profética:

Antes que te formarasdentro del vientre de tu madre,antes que tú nacieraste conocía y te consagré. Para ser mi profeta de las naciones yo te escogí:irás donde te envíe,y lo que te mande proclamarás.

Estribillo:
Tengo que gritar, tengo que arriesgar,
¡ay de mí si no lo hago! ¿Cómo escapar de tí?
¿Cómo no hablar si tu voz me quema dentro?
Tengo que andar, tengo que luchar,
¡Ay de mi si no lo hago!
¿Cómo escapar de tí?
¿Cómo no hablar si tu voz me quema dentro?

No temas arriesgartePorque contigo yo estaré;
no temas anunciarmeporque en tu boca yo hablaré.
Te encargo hoy mi pueblopara arrancar y derribar,
para edificar,destruirás y plantarás.
Deja a tus hermanos.deja a tu padre y a tu madre,
abandona tu casaporque la tierra gritando está.
Nada traigas contigo,porque a tu lado yo estaré;
es hora de lucharporque mi pueblo sufriendo está.

Otra canción, de los tiempos de la guerra de Vietnam, es también un grito de protesta profética contra la violencia y la injusticia:

YO NO PUEDO CALLAR
Un río de lágrimas florece,
allá en las aldeas de Vietnamy todos los niños que ahí muerenjamás han tenido navidad.
El hambre clava y clava sus colmillosen Biafra,
Nicaragua y Pakistány claman los ancianos mutiladospor el fatal efecto del napalm.
Yo no puedo callarNo puedo pasar indiferenteAnte el dolor de tanta genteYo no puedo callar.
Yo no puedo callarMe van a perdonar, amigos míosPero yo tengo ahora un compromisoY tengo que cantar la realidad.

Brasil, Río de Janeiro se divierteun río de placer su carnavaly mientras que allá en otros lugaresse mueren por la falta de pan.
Y mientras que los pueblos poderosospuedan echar el trigo en alta marlos cínicos exponen sus razonespara subir el precio y nada más.
Cada minuto muere en este instanteun niño de fatal desnutricióny el perro que se gasta el potentadodevora su filete de exportación.
Yo no puedo callarNo puedo pasar indiferenteAnte el dolor de tanta genteYo no puedo callar.
Yo no puedo callarMe van a personar, amigos míosPero yo tengo ahora un compromisoY tengo que cantar la realidad.
¡Que Dios levante hoy también en América Latina profetas que viven cerca de él y cerca del pueblo, con ese gran defecto de no saber callarse!
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1
Eso no descarta que aparece también una nota muy tierna de dolor por el sufrimiento humano, sobre todo en 18:22-23.

2
Cf. "Cuando ser cristiano huele a anti-patriótico" (Stam 1999A:102-104; 2006:113-114).

3
Ver "Un profeta con la cabeza en el cielo y los pies en la tierra" (Stam 2003:64-63).

4
El AT repite frecuentemente que "la mano del Señor" estaba sobre los profetas (1 R 18:46 hebr; 2 R 3:15; Ez 1:3; 3:14; 8:1). Otra frase hebrea muy frecuente para esta "compulsividad profética" era "la carga de Yahvéh" (12 veces en Isaías, siete en Jeremías, dos en Zacarías y una en Ezequiel, Nahum, Habacuc y Malaquías). A veces se llama "la carga de la Palabra de Dios" (Zac 9:1; 12:1; Mal 1:1). El término MaSâA, del verbo MâSâA (alzar, cargar), se usaba de las cargas prohibidas en día sábado (Jer 17:21 entre otros), de la carga de un asno o dos (Ex 23:5; 2 R 5:17) o de cuarenta camellos (2 R 8:9). La idea es que la palabra profética "pesaba" fuerte sobre ellos. Dada la poca claridad del término "carga" en castellano, RVR y NVI siempre traducen la frase por "profecía" u "oráculo".

Las demandas de la cruz



Son muchas las iglesias que al llegar a la llamada «Semana Santa» celebran la crucifixión del Señor Jesucristo al final de su vida en la tierra. Por inaudita que parezca, esa celebración no es una barbaridad; es la exaltación del Hijo de Dios, quien se entregó a sí mismo en propiciación por nuestros pecados. Mediante la cruz se abre la puerta a la salvación de quienes por su arrepentimiento y su fe, son incorporados al pueblo de Dios. Es comprensible la concentración cristocéntrica en la obra divina de la salvación. De ahí que los escritores del Nuevo Testamento, prácticamente en su totalidad, se refirieran explícitamente a la crucifixión de Jesús como fundamento de nuestra salvación.
Como ejemplo, podemos citar al apóstol Pablo, quien escribió: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí, y lo que ahora vivo en la carne lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gá. 2:20). Y en otra de sus cartas afirmó con vehemente radicalidad: «Yo resolví entre vosotros no saber cosa alguna que no sea Jesucristo, y éste crucificado» (1 Co. 2:2).
El propio Señor Jesucristo declaró a sus discípulos que «debía ir a Jerusalén y padecer muchas cosas de sus adversarios y ser muerto» (Mt. 16:21, Mt. 20:17-18). Él había venido al mundo «no para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt. 20:28). Esta afirmación tuvo confirmación solemne al compartir con sus discípulos el pan y el vino en la cena que él mismo había instituido (1 Co. 11:23-25).
Ahora bien, para el discípulo de Cristo el mensaje de la cruz entraña un cuádruple llamamiento:
Una llamada a la reconciliación y la comunión con Dios
En el Nuevo Testamento la palabra más usada para traducir la experiencia de la conversión es «metanoia», que significa «cambio de mente». Este cambio exige una convicción de pecado profunda y una confesión del mismo, lo que incluye reconocimiento de la naturaleza dañada por el pecado. Esto hace que nos reconozcamos culpables delante de Dios, no sólo por lo que hemos hecho, sino por lo que somos. Lo que la cruz de Cristo demanda de nosotros no es una cosmética espiritual que nos haga honorables a ojos de nuestros semejantes, sino una espiritualidad radical equivalente a una nueva creación (2 Co. 5:17). Lo que se nos pide es que imitemos a Cristo y nos convirtamos en luz del mundo y sal de la tierra (Mt. 5:13-16).
Un par de parábolas bíblicas nos ilustran bien el significado del arrepentimiento y la fe en la conversión. Ambas son tan conocidas como iluminadoras y ambas producen en nosotros convicción y confesión de pecado como principio de una vida nueva en relación santa con Dios, Padre misericordioso.
No puede ser más clara y enternecedora la parábola del hijo pródigo (Lc. 15:11-32). En ella se relata el desvarío de un joven que abandona el hogar paterno y se hunde en una vida de disipación y miseria, pero que reflexiona, confiesa su pecado y vuelve arrepentido a la casa paterna con una confesión conmovedora. Dice a su padre: «He pecado contra el cielo y contra ti; no soy digno de ser llamado tu hijo, pero hazme como uno de tus jornaleros» (Lc. 15:21). En la emotiva respuesta de su progenitor, el hijo no oye ningún reproche, ningún sermón. Sólo palabras de bienvenida y aceptación. Para padre e hijo el regreso de éste se ha tornado en fiesta. El hijo perdido ha sido hallado; había estado muerto y ha revivido. Una gran fiesta ha marcado el comienzo de la más grande de las experiencias: la salvación.
Parábola del fariseo y el publicano (Lc. 18:9-14). El primero era prototipo de una falsa religiosidad. No buscaba la gloria de Dios,sino su propio ensalzamiento, la inflación de su vanidad.Por el contrario, el publicano -odiado cobrador de impuestos para el erario de Roma- no se sentía merecedor de nada. Consciente de sus faltas y del aborrecimiento de los judíos más ortodoxos, «no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador».Para Jesús, el juicio sobre aquellos dos hombres era claro: «Os digo que aquel hombre (el publicano) descendió a su casa justificado más bien que aquél, porque cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».
Una llamada a la entrega plena
La cruz de Cristo implica una demanda de entrega plena por parte del creyente que decide seguir a Jesús. Pablo fue consecuente también con este compromiso: «El amor de Cristo nos constriñe, habiendo llegado a esta conclusión: que si uno murió por todos luego todos murieron. Y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Co. 5:14-15).
Esa entrega implica reconocimiento y aceptación plena del señorío de Cristo. Es hermoso poder decir al Señor lo que le dijo Pablo el día de su conversión: «Señor, ¿qué quieres que haga?» (Hch. 9:6). O hacer nuestras las palabras del distinguido líder moravo Conde de Zinzendorf: «Sólo tengo una pasión, y ésta es él, únicamente él».
La entrega del creyente para servir a su Salvador es un gran privilegio derivado de su redención. Constituye un cambio de dueño. Recordemos las palabras de Pablo en su primera carta a los Corintios: «¿No sabéis que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios» (1 Co. 6:19-20). ¿O acaso servimos a Dios a medias? ¿No estaremos pretendiendo seguir siendo señores de nuestra vida a la par que hacemos de Cristo nuestro siervo? ¡Qué absurdo! ¡Y qué indignidad!
Una llamada a la identificación con Cristo
«Si alguno está en Cristo, es una nueva creación; las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas» (2 Co. 5:17). Con Cristo morimos y con Cristo resucitamos. La comunión con él exige una renuncia a toda forma de desobediencia. En Cristo y con él, el creyente está llamado a vivir una vida de discipulado sin reservas. Son inadmisibles los términos medios en los que nos gusta instalarnos. «Ningún siervo puede servir a dos señores» (Lc. 16:13).
En la portadilla del libro de C. S. Lewis The great divorce (El Gran Divorcio), escribió George McDonald las siguientes inspiradas palabras: «No, no hay escapatoria. No existe cielo alguno con un poco de infierno, no hay modo de retener algo del diablo en nuestros corazones o en nuestros bolsillos. ¡Fuera Satanás con todos sus pelos y plumas!».
Aun los pecados mas sutiles -egoísmo, orgullo, vanagloria, envidia, rencor- acarrean el desagrado del Señor. Contra ellos hemos de luchar sin desfallecimiento si realmente le tenemos a él por Señor. Nuestra fidelidad al Cristo provocará la hostilidad del mundo, pues vivimos en una sociedad abiertamente anticristiana, lo cual nos obliga a luchar contra nuestras propias tendencias pecaminosas.
En nuestra pugna contra toda suerte de fuerzas enemigas más de una vez resbalaremos y caeremos, pero en la cruz de Cristo encontraremos siempre el poder para ser «más que vencedores» (Ro. 8:37).
Una llamada a evangelizar
Aun antes de asumir la cruz, Jesús fue consciente de que una parte esencial de su obra -la formación de la Iglesia- no la iba a realizar solo. Llamó a doce de sus discípulos y los envió a predicar el reino de Dios (Lc. 9:1-6). Después de su muerte y su resurrección, les encomendó la «gran comisión» (Mt. 28:19). La iglesia apostólica pronto vino a ser testimonio vivo de Cristo, lo que acarreó persecución e incluso muerte violenta. Impresiona el testimonio de Esteban, seguido del de Pablo, al que pronto siguieron otros que tuvieron el mismo fin que estos primeros discípulos.
Una vez convertido a Cristo, Pablo vino a ser uno de los paladines de la obra misionera. Con lógica convincente razonó la necesidad de aceptar el reto misionero: «¿Cómo predicarán si no han sido enviados?», para citar a continuación el bello y estimulante texto de Isaías: «Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» (Ro. 10:15). Bajo la dirección del Espíritu Santo y en circunstancias sumamente adversas tuvo lugar en aquel tiempo una gran expansión misionera en numerosos lugares del imperio romano. No debe de ser casualidad que los periodos más florecientes en la historia de la Iglesia cristiana han sido aquellos en que la obra misionera ha sido atendida con diligencia.
¡Dichosa la iglesia local que instruye a sus miembros en la gloriosa tarea de proclamar el más glorioso de los mensajes! ¡Y bienaventurado el creyente que responde dignamente a las demandas de la cruz!

José M. Martínez
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NOTA DEL PASTOR JOSÉ M. MARTÍNEZEs para mí un motivo de honda satisfacción poder presentar este tema del mes. Después de una larga temporada (casi nueve meses) apartado de toda actividad por mi enfermedad cardíaca, doy muchas gracias a Dios, en primer lugar, por permitirme volver a esta forma de servicio. Pero también quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer a todos los lectores y suscriptores de Pensamiento Cristiano las innumerables muestras de apoyo recibidas en este tiempo de prueba. Sin duda vuestras oraciones han contribuido a que la oscuridad de este tiempo haya sido mucho más llevadera. Mis fuerzas no son las de antes, pero mientras el Señor de la vida me dé vida, me pongo a Su disposición para seguir sirviéndole de acuerdo con sus propósitos siempre sabios.«Sostiene Jehová a todos los que caen y endereza a todos los que ya se encorvan» (Salmo 145:14)
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