sábado, enero 03, 2009

LA PRIMERA Y ÙLTIMA CITA


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por el Hermano Pablo

Cumplía dieciséis años. La edad florida. La edad de vestirse de largo y usar tacones altos. La edad de la primera cita y del primer baile sin la vigilancia de la mamá. La edad de salir a divertirse con el primer novio. ¡Con razón Lilia Barajas, de Caracas, Venezuela, comenzó feliz la noche! Era la noche de los dieciséis años recién cumplidos.
—Tengo una cita con la felicidad —le dijo a su madre, Lupe Barajas.
Y la madre respondió:
—Ten cuidado.
A sólo dos cuadras de su casa, al cruzar una esquina con su amigo, la atropelló un auto manejado por un borracho. Esa misma noche Lilia murió en el hospital a causa de heridas masivas en el cráneo. Durante su cita con la felicidad se interpuso una cita con un conductor intoxicado.
La crónica policial de los diarios nos trae la misma información de continuo: un conductor borracho atropella a un transeúnte, a quien mata o hiere de gravedad. ¿Y qué del conductor? Casi siempre huye. Escapa a toda carrera por donde puede. Y siempre deja desamparada a la víctima de su vicio. El tal macho bebe hasta embriagarse, pero no es lo bastante hombre como para encarar las consecuencias de sus acciones.
Por eso lo hemos dicho mil veces y lo seguiremos repitiendo: el alcohol es el enemigo del hombre. El alcohol es bueno cuando se aplica externamente —por ejemplo, para desinfectar heridas y masajear músculos doloridos—, pero es muy dañino cuando se aplica internamente, bebiéndolo a destajo.
Ya lo advierte la Biblia: «No te fijes en lo rojo que es el vino, ni en cómo brilla en la copa, ni en la suavidad con que se desliza; porque acaba mordiendo como serpiente y envenenando como víbora. Tus ojos verán alucinaciones, y tu mente imaginará estupideces» (Proverbios 23:31‑33).
El alcohol, la droga y el juego son vicios que dominan a su víctima. Anulan la libertad, nublan la conciencia, entorpecen la inteligencia y rebajan el discernimiento moral. El alcohólico, el drogadicto y el jugador pueden llegar al extremo de matar a sus propios hijos cuando es amenazado el imperio de su vicio.
Por su propio bien y el de todos los suyos, el esclavo del vicio necesita acudir a Jesucristo. Sólo Cristo puede librarlo de esos destructivos dueños del alma. Sólo Cristo da el poder para vencer cualquier vicio. Sólo Cristo da la fuerza para llevar una vida libre. Sólo Cristo da vida nueva. Lo único que el alcohólico y el adicto tienen que hacer es rendirle su corazón y su voluntad a Cristo. Basta con que le digan, en un acto de entrega total: «Señor, soy tuyo. Recíbeme hoy.»

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Aùn Màs Profundo

Skip Moen

En el principio creó Dios Génesis 1:1
El – Evidentemente ahora ya sabes que aquí la palabra es bere´shiyt. No existe artículo definitivo. Eso quiere decir que no hay “el” en el texto. Intenta leer el texto sin “el” y las cosas comienzan a cambiar – dramáticamente. Ya hemos aprendido (cf. Naham Sarna) que re´shit no debe tomarse en sentido temporal absoluto. Esta es una palabra que se refiere a la calidad más alta, lo mejor, lo primero (como en primeros frutos) y la cabeza (compara con el pronombre ro´sh). La traducción “en el principio” importa la idea del un “punto” donde comenzó todo. Pero sabemos que la idea de un punto de inicio ya contiene algunos problemas conceptuales muy profundos. Claro, la creación ex nihilo es fundamental a la comprensión de ésta palabra como “el” principio. Eliminar el “el” cambia muchas cosas. O quizás no cambia nada.
Sarna escoge traducir el versículo como “cuando Dios creó.” Muchos teólogos conservadores objetarían. Traducido así, la idea que Dios creó el tiempo junto con el universo material es menos sustentable. Claro que hay muchos otros temas asociados con la creación del tiempo, pero generalmente los teólogos evangélicos retienen la inclusión del articulo definitivo porque desean que éste versículo hable sobre la majestuosidad trascendental de Dios. Desean un Dios “Fuera” del tiempo para aislarlo del cambio. Quizás no vieron la maravilla de bere´shiyt por sí mismo.
¿Qué nos dice esta palabra si no añadimos el artículo definitivo? Bien, primero nos dice que nada de lo que existe se autogeneró. Dios trajo a existencia todo el universo material cuando El decidió hacerlo. Nadie lo obligo a hacerlo. Francamente, El creó todo porque El deseó hacerlo. El es el amo absoluto sobre todo. Así que lo primero que aprendemos es que todo el orden creado es innecesario fuera de la voluntad benevolente del Creador. Esto es de vital importancia. Tú y yo existimos (junto con todo lo demás) porque Dios nos quiso. Le importamos tanto que está dispuesto a traer a existencia todo, hasta a nosotros. Con la primera palabra de la Biblia aprendemos algo de importancia crítica sobre Dios y nosotros. ¡El decidió tenernos con El a propósito! Hasta podría ser éste un sinónimo de amor. Si Dios no necesitaba crear y si nada sucede sin Su decisión, entonces yo supongo que es correcto decir que bere´shiyt implica que Dios ama lo que hace. En este sentido, bere´shiyt conlleva la idea de la fuente de todo. Dios es la fuente (cabeza) amorosa de todo lo que es.
¿Qué otra cosas nos dice? Nos dice que nosotros no somos el centro de todas las cosas. Nosotros no somos dioses. Somos creados como todo lo demás. No somos auto-suficientes. En ésta escala, somos igual que cualquier otra cosa dependiente existente . Pero Dios aun nos ama. Mucho. Así que cuando sentimos nuestra insignificancia, la decisión divina de crearnos nos recuerda que aun Le somos extremadamente valiosos. Bere´shiyt aquí nos recuerda que de toda la creación, primero es Dios.
Finalmente, es importante la reflexión sobre bere´shiyt porque el apóstol Juan copia deliberadamente este verso en su evangelio. “En el principio era el Verbo,” dice nuestra traducción del griego. Pero si miras el texto griego cuidadosamente, verás que aquí tampoco existe artículo definitivo. En arque en ho logos contiene los mismos fundamentos temporales. Lo cierto en Génesis 1:1 también es cierto en John 1:1 porque Juan es piensa como hebreo. Una vez más vemos que no podemos comprender lo que dice el Nuevo Testamento son comprender primero lo que dice el Antiguo Testamento. Pero por lo menos esto queda claro: El Verbo es Dios y siempre ha sido Dios y estaba plenamente involucrado en la creación de todas las cosas. Yeshua es la manifestación de Dios en una manera que revela la profundidad del amor de Dios por Su creación. Yeshua es bere´shiyt en carne y sangre: el primero, la cabeza, el altísimo, la fuente. Quizás haya mucho más en la aseveración “en El era la vida” de lo que somos capaces de imaginar.
Índice Temático: bere´shyit, principio, Logos
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jueves, enero 01, 2009

PERSONALIDAD NARCISISTA, SOCIEDAD HOSTIL Y CONSUMISMO RELIGIOSO

Carlos pinto
El narcisimo es como una enfermedad que impide a la persona interesarse o amar a otra, porque todo su ser gira alrededor de sí mismo y evita involucrarse con otros। (Freud, 1914).

INTRODUCCIÓN
El creciente consumo religioso, expresado en la compra de libros cristianos, el deseo de ser parte de una comunidad de fe, o la búsqueda de niveles más intensos en la relación con Dios podrían tener una motivación más egocéntrica o utilitaria que espiritual. También podrían ser un mecanismo de defensa psicológico maníaco para minimizar el dolor que las personas sienten al enfrentarse con pérdidas psicosociales intensas.
Una lectura psicodinámica afirmaría que la sociedad actual provoca sentimientos de decepción y desesperanza en las personas. Los ciudadanos experimentan decepción al convencerse de que la sociedad a la que pertenecen no vela por su bienestar. En consecuencia, estas personas reaccionan desarrollando altos niveles de ansiedad y sentimientos de pérdida, lo que puede motivar que asuman un comportamiento de alto consumo religioso. En términos psicológicos, esta conducta puede identificarse como una defensa maníaca desarrollada con el fin de mitigar la desesperanza y los sentimientos de vacío provocados por esta sociedad consumista y deshumanizante.
La población latinoamericana está decepcionada por la poca atención que sus sociedades y gobernantes le prestan y por tal motivo estas personas abandonan el ideal de una sociedad protectora y caen en una actitud individualista, consumista y egocéntrica. En otras palabras, si la sociedad no vela por mi bienestar como ciudadano, entonces yo me encargo de garantizarme una vida placentera y segura'; lo que conduce algunas veces a actitudes narcisitas. Los centros comerciales y las grandes iglesias que predican la teología de la prosperidad podrían clasificarse como espacios que alimentan esta actitud narcisista y maníaca.
Según Freud 1 (1931), la sociedad vive generalmente en una relación de conflicto mutuo con sus integrantes, ya que tiene la función represora de controlar los instintos de sus ciudadanos. En este sentido, Freud calificaría la reacción maníaca de las personas como un reflejo de la relación conflictiva no resuelta entre los ciudadanos y su sociedad. Esta lectura de la relación individuo-sociedad era tan conflictivista y pesimista que Freud percibía en el futuro una eminente o radical disrrupción del sistema por mutua hostilidad no resuelta.
En contraste, la narración de Génesis 3 muestra que Dios creó, diseñó y ejecutó su creación de tal manera que todo servía para nutrir, sustentar y proteger a sus criaturas en forma integral. En esta perspectiva cristiana, entonces, la teocracia plantea una armoniosa relación tripartita: Creador - sociedad individuo. Así, encontramos que la perspectiva freudiana es opuesta a la judeo-cristiana que sostiene que la naturaleza y las estructuras sociales tienen desde su inicio el propósito divino de proteger a la humanidad. Es más, fue la desobediencia de Adán y Eva la que provocó un cambio relacional cualitativo entre la humanidad y el medio ambiente y, posteriormente, entre el individuo y la sociedad.
SURGIMIENTO DE LA PERSONALIDAD NARCISISTA
Winnicott (1986) 2 , un psicólogo psicodinámico e investigador del desarrollo emocional de la persona, indica que la sociedad tiene, entre otras responsabilidades, la de velar por el bienestar mental de sus ciudadanos. Esta afirmación es una transpolación de la investigación hecha acerca de la familia, en la que concluye que los padres tienen la responsabilidad de proveer una estructura y un ambiente que responda empáticamente a las necesidades infantiles para que la criatura se desarrolle saludablemente. Kohut, (1977) 3, un reconocido psicólogo especializado en estudios sobre el narcisimo, amplía la propuesta anterior indicando que si los padres no proveen adecuadamente la posibilidad de ser espejos de sus hijos y de ser idealizados por ellos, entonces la criatura podría desarrollar una personalidad narcisista. En este caso, cuando la criatura percibe que sus padres no velan por sus necesidades emocionales y biológicas desarrolla una personalidad narcisista que en la adultez fácilmente se manifiesta en acciones egocéntricas y defensas maníacas. La criatura en su desarrollo concluye mentalmente que debe centrarse en su persona, atendiéndose a sí misma para sobrevivir, porque sus padres no son de fiar o no velan por su bienestar.
El objetivo de este ensayo es establecer una posible relación entre el alto consumo religioso de una persona narcisista y el contexto social donde se fomenta el consumismo al favorecer las leyes del mercado, ignorando el costo social de los ciudadanos. La persona narcisista es aquella que percibió haber vivido en un ambiente desatendido por sus padres, lo que le condujo a pensar en su propia persona sin importarle la relación con los demás, a menos que haya en tal relación, un propósito utilitario. Freud calificaba a estas personas de no apropiadas para someterse a un psicoanálisis debido a su poco interés y poca capacidad de invertir en relaciones interpersonales, a menos que perciban algo a su favor. Me pregunto si esta perspectiva es también llevada -humanamente- al área de la fe cristiana.
La hipótesis, siguiendo a Freud, sería la de que las personas narcisistas no buscan tener una relación adulto-adulto de mutua entrega y recepción, sino más bien una relación utilitaria y egocéntrica. En este sentido, se podría decir que algunos individuos narcisistas buscan vivir su fe en tanto y en cuanto ven, en forma tangencial, que la fe favorece a su persona. Su interés radicaría, entonces, en ser activo en la fe para sentirse bien, para considerarse mejor que otros, para lograr mayor bendición y prosperidad, sanidad, santidad, finanzas, etcétera, pero sin mostrar interés en su testimonio por la trasformación de la comunidad en la que vive. Estas personas están interesadas en lo que pueden lograr como individuos, pero, a la vez, desinteresadas en la parte comunitaria de la fe cristiana. Al actuar de esta manera, niegan un aspecto fundamental del Cristianismo, pues una iglesia que crece en número de miembros, pero que no se involucra en la trasformación social de su comunidad, es una iglesia incompleta. No debe existir una iglesia sin agenda de transformación social, así como no se puede concebir un cristiano que tenga a Dios como Padre y rechace llegar a su iglesia y a la fe cristiana a fin de trasformar la sociedad a la que pertenece.
SUPERANDO LA ACTITUD NARCISISTA Y MANÍACA
La psicología nos ha mostrado que existe una relación entre la negligencia de los padres y la formación de una personalidad narcisista en los hijos desatendidos. Si los hijos no sienten que sus padres velan por su bienestar, se tornan egocéntricos para poder garantizar su propio bienestar; así, esta personalidad narcisista es sólo un mecanismo de defensa para sobrevivir en un sistema familiar negligente. La familia estar alerta a esta dinámica. Vale la pena aclarar que el factor causal del narcisismo citado no es la pobreza, sino cómo actúan los padres frente a las necesidades de atención y afirmación inherentes en los hijos.
Es cierto que la personalidad es una estructura difícil de cambiar, pero dicho cambio, aunque difícil, no es imposible. Por ejemplo, es en la familia donde podemos enmendar los errores cometidos y reparar las heridas existentes. Corresponde a la familia modelar el servicio a los demás y no, servirse de los demás para bien propio. En la familia se puede evitar el controlar a los otros para beneficio propio, y aprender más bien a invitar al fomento de una interdependencia y autonomía saludables entre sus miembros. Desear un control absoluto sobre los otros es una fantasía muy fuerte en la personalidad narcisista 4, que se debe sancionar.
Es importante que los padres faciliten que sus hijos los admiren porque, al hacerlo, les permiten que esta imagen ideal del padre o de la madre constituya parte de la imagen que, de sí mismos, tienen los hijos. El proceso mental podría ser el siguiente; si tú eres el mejor padre, el mejor profesor, como yo soy parte de ti, entonces yo también soy valioso. Esta experiencia intrapsíquica e interpersonal impide que los hijos recurran a posiciones narcisistas para sentirse seguros de sus personas, y les impulsa a confiar en sus padres para su supervivencia, en lugar de preocuparse de esto por sí mismos.
Al mismo tiempo, la Iglesia necesita retomar la dimensión integral de la fe en su llamado individual y comunitario. El Evangelio tiene dos dimensiones, personal y corporativa. La personal se da en la relación con Dios; la corporativa, que es un mandato divino al pueblo de Dios, y se da en ser bendición a otros, ser agentes de reconciliación de personas, de estructuras sociales, del medio ambiente y de todo lo creado. Una gran tentación es asumir una posición narcisista, pues se desea disfrutar de la relación con Dios en el ámbito individual olvidándose del servicio a la sociedad. La Transfiguración nos ilustra en esto: Justo cuando Jesucristo se alistaba para sacrificarse y realizar la gran Misión de Dios de redimir su creación, los discípulos estaban pensando sólo en ellos mismos. Señor, ¿por qué no hacemos una morada aquí para disfrutar de la relación que tenemos contigo? Al parecer los discípulos no entendieron el propósito de la transfiguración, que no era el blanquearse espiritualmente, hacerse más santos y sentirse bien sino buscar una comunión más íntima y estrecha con el Padre , para poder hacer la Missio Dei .
Como iglesia, necesitamos dejar de hacer demandas infantiles a Dios y más bien con fe infantil ofrecernos y ponernos a su servicio, y ser colaboradores en la extensión de SU reino y no en la del nuestro. Necesitamos, como líderes, enseñar y modelar la espera y la tolerancia adecuadas a las frustraciones. La persona infantil no puede esperar, tiene poco nivel de tolerancia, se descompone fácilmente frente a las frustraciones y cae en rabietas cuando no se cumple lo que desea. ¿Habrá alguna relación entre la poca tolerancia a milagros no concedidos, y el alto índice de turismo intereclesial existente? Me pregunto ¿qué enseña un líder alzando la voz y demandando que Dios otorgue cierta bendición, curación, dinero o trabajo?; ¿no está modelando una actitud infantil? Dios podría haber reconciliado al mundo solo al desearlo y decirlo, sin haber tenido que esperar un momento histórico apropiado, y sin esperar que su Hijo amado creciera biológica, psicológica y espiritualmente para cumplir con la misión de Dios. La iglesia puede enseñar a la congregación a no asumir defensas psicológicas narcisistas, infantiles y maníacas como la sociedad lo hace, y más bien a ver la realidad en el contexto de la soberanía de Dios con fe, racionalidad y madurez. No copiemos el modelo de sociedad que enfatiza lo material sin importarle el alto costo social que esto provoca. Una sociedad narcisista y maníaca es parte de este resultado, que la vuelve muy frágil y con potencialidad de autodestrucción. La iglesia puede y debe contribuir con una contrapropuesta en lugar de aliarse o copiar el modelo que la sociedad actual fomenta.

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El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente। Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.

¿Efectuar un cambio?


Un catedrático comentó una vez esta historia de una paciente en consejería, que odiaba su trabajo y pensó que estaba arruinando su vida. Pero durante toda la terapia, parecía renuente a mejorar su situación.Cuando él le sugirió que buscara un nuevo empleo, ella argumentó que no había ninguno decente en aquel pequeño pueblo.Él indago acerca de la posibilidad de encontrar empleo en el pueblo adyacente, a quince millas. Ella manifestó que necesitaría un automóvil para llegar allí, y que no tenía ninguno.Cuando el terapeuta ofreció un plan para adquirir un carro no costoso, ella argumentó que eso nunca funcionaría, ya que de todas formas, no había sitio para el estacionamiento en el pueblo vecino.Se ha dicho que en la vida son seguras tres cosas: la muerte, los impuestos y el cambio.Si observas a tu alrededor, notarás que la mayoría de las personas pueden lidiar mejor con las dos primeras, que con la última. No obstante, sin los cambios, nunca sabremos qué maravillosos pueden ser los planes que Dios tiene para nosotros.El temor a un cambio se origina en el miedo a perder, incluso si perdemos algo que nunca ocupará un lugar especial. Si estás batallando con algún tipo de transformación en tu vida actual, toma un momento para depositar tus temores en manos del Señor. Confiando en Su orientación, ¡el cambio puede conducir a la bendición!Nuestras verdaderas bendiciones con frecuencia llegan a nosotros, con vestimentas de dolor, extravíos y desilusión; mas seamos pacientes, y pronto las veremos tal como son. Joseph Addison.2 Timoteo 1:7
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
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Fuente: Amanecer con Dios. Editorial Unilit

martes, diciembre 30, 2008

"ROBAR SU PROPIO BANCO"


Video Audio

por el Hermano Pablo

Iba a ser el asalto perfecto, un asalto que no podría fallar, que no dejaría ninguna pista, y que produciría al asaltante una cuantiosa suma. El disfraz del asaltante, también, era perfecto: anteojos negros, peluca de color diferente, y nariz arreglada por un experto en maquillajes de teatro.
Así disfrazado, Wong Hoi Wan, de cincuenta y ocho años de edad, de Hong Kong, decidió asaltar un banco de su ciudad. Sólo que él era el presidente del banco. No se sabe si por el calor o por los nervios, la nariz se le desprendió. Y por si eso fuera poco, su enorme figura de 135 kilos de peso ya lo había denunciado a los guardias.
El titular en los diarios era interesante: «Intentó robar su propio banco».
¿Qué significa robar su propio banco? Es alzarse con el dinero que clientes desprevenidos, con toda confianza, han depositado en él. Es levantar una suma incalculable de dinero sin pensar en las consecuencias. Es arruinar honra, familia y porvenir. De ahí que Wong Hoi Wan tuviera que rendirle cuentas a la policía, al juez y a sus depositantes, expiando tras las rejas su maldad.
Si bien en esta vida pocos han de robar su propio banco literalmente, muchos lo han de hacer en sentido figurado. Pues robar su propio banco también es minar el prestigio que uno, con paciencia y cuidado, ha conquistado. Es derribar, por descuidos éticos, la posición que uno, en el mundo de los negocios, ha ganado.
Es destruir, por infidelidad conyugal, lo más hermoso y preciado que en este mundo existe: su matrimonio. Y junto con la destrucción de su matrimonio quedan, también, destruidos sus hijos, sus nietos y el resto de la familia.
Robar su propio banco es agredirse uno mismo con el uso de drogas y alcohol, destruyendo ánimo, cerebro y voluntad, haciéndose inútil para servicio benéfico y provechoso.
Es hacer caso omiso de la inquietud espiritual que toda persona tiene, destruyendo así la oportunidad de reconciliarse con Dios. Es llevar una vida materialista —efímera, volátil y falsa— sin preocuparse de lo espiritual. Es cerrar las puertas del cielo. «¿De qué le sirve a uno —afirmaba Jesucristo— ganar el mundo entero si se pierde o se destruye a sí mismo?» (Lucas 9:25).
Lo cierto es que podemos ganar millones y adquirir casas, joyas, lujos y placeres, pero si descuidamos nuestra alma nos estamos robando a nosotros mismos.
No sigamos robándonos así. Sometámonos más bien al señorío de Cristo. Él quiere ser nuestro Salvador. Dejemos de robar nuestro propio banco.
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lunes, diciembre 29, 2008

Jesùs de Nazaret o el precio de la disidencia



Ignacio Simal, España

"Si eres un disidente, normalmente te ignoran.Si no pueden ignorarte, y no pueden responderte,te desacreditan." (Noam Chomsky).
Tenía razón Chomsky cuando escribía que si eres un disidente y no pueden ignorarte, ni responderte, te desacreditan. El caso de Jesús de Nazaret es paradigmático de lo que el respetado lingüista estadounidense afirma en su “Chomsky: Obra Esencial”.
A Jesús nadie le podía ignorar (Mt. 4:24), ni nadie le podía responder (Mc.. 12:13-17; 34.).... y el pueblo le seguía (Mc. 12:37). Su disidencia de una teología y praxis religiosa pervertida era meridianamente clara, sus palabras no dejaban ningún resquicio que pudiera provocar malos entendidos (Mt. 23 es un buen ejemplo de ello). De ahí que los que ostentaban el poder religioso de su tiempo pasaran directamente a desacreditarlo delante del pueblo y de sus seguidores y seguidoras.
Según el Evangelio de Marcos, los escribas procedentes de Jerusalén -centro del poder religioso- le desacreditaron afirmando “que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera demonios” (Mc. 3:22). Anteriormente “los suyos” pensaban de él que “estaba fuera de sí” ((Mc. 3:21).
En otra ocasión, según el Evangelio de Juan, le vuelven a desacreditar intimando que él es un hijo nacido de fornicación (Jn. 8:41). Le acusan públicamente de blasfemo (Mt. 26:65), de ser un rebelde frente al poder del Imperio (Jn. 19:12-16), y finalmente le muestran en público en un estado lamentable, resultado de las torturas a las que había sido sometido. Y el pueblo, que otrora le había seguido, clama a una voz contra el Nazareno: ¡Sea cruficado! ¡Sea crucificado! ¡Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos! (Mt 27:22-25). Todo acabó con una crucifixión pública donde las chanzas y el descrédito continuaron (Lc.23). El objetivo había sido alcanzado... Jesús, por fin, desacreditado y muerto, y el pueblo manipulado por el vértice de las estructuras, religiosas en este caso, de poder (Mt. 27:20)
Y eso es lo que sucede con los que disiden, los sospechosos y sospechosas de no ser incondicionales con las estructuras de poder con las que muchas de nuestras instituciones sociales y religiosas se dotan. Ellos, ellas, disienten -por ejemplo- de la lógica de los “Caifas” de este mundo (sean éstos de izquierdas o derechas en lo político; sean progresistas o conservadores en lo teológico) que sin pudor afirman: “nos conviene que una persona muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca” (Jn. 11:50). La lógica de Caifas enmascara, de preocupación por el pueblo, su interés por conservar los privilegios de clase que le concede la estructura de poder en la que se mueve. Privilegios que veía poner en peligro por la praxis y mensaje de Jesús de Nazaret. Los discípulos y discípulas del Mesías sólo deben ser incondicionales del reino de Dios y su justicia. Nada más, ni nada menos.
Tengo la impresión de que nuestras sociedades y nuestras iglesias están a falta de disidentes. Mujeres y hombres que, a la manera de Jesús de Nazaret, se pongan al servicio del reino de Dios y, por ende, al servicio del Dios que se nos manifestó en Jesús. Como también escribirá Chomsky, “se puede ganar mucho con el activismo -yo diría con el seguimiento de Jesús- ... pero también se pueden perder muchas cosas. Y algunas de ellas no carecen de importancia, como por ejemplo la seguridad, eso no es algo secundario. Y la gente sencillamente tiene que tomar su decisión sobre el particular cuando decide qué va a hacer” (Chomsky: Obra esencial, Edit. Crítica, p. 257).
Al hilo de lo que escribe Noam, me viene a la memoria ese dicho de Jesús que afirma, de manera rotunda, “No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada, porque he venido a poner en enemistad al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra .de modo que los enemigos de uno serán sus propios familiares El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que trate de salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la salvará” (Mat. 10 34-39).
Perder la vida -renunciar a la seguridad- por causa del reino de Dios... Ahí está la cuestión. No existe otra opción para los seguidores y seguidoras de Jesús. Debemos tomar la cruz que ponen sobre nuestros hombros los centros de poder y caminar con ella haciendo frente a los poderes demoníacos de este mundo, sean éstos políticos, económicos o religiosos. No hay otra salida. No existe otro camino para el/la activista del reino de Dios.