Llegó una llamada urgente al departamento de ganadería en Kenia, África, con el fin de avisar que un elefante muy peligroso había matado a varios hombres. En tales casos en que un animal ha adquirido el hábito de atacar a seres humanos, hay que encontrar al animal y matarlo, ya que durante toda su vida seguirá haciendo lo mismo.
Después de varios días encontraron el elefante y lo mataron gracias a la pericia de expertos cazadores. Al sacarle los colmillos, encontraron una bala disparada al elefante muchos años antes. Ese pedazo de plomo estaba presionando un nervio, que tuvo que haberle causado un dolor agudo desde ese entonces. A eso se debía seguramente el que el elefante se hubiera vuelto cazador de hombres.
Así como se explica la matanza de hombres por parte del elefante agredido por un hombre, también se explica la violencia que, en nuestra sociedad, la víctima de violencia les inflige a otros seres humanos. En los dos casos la violencia se explica, pero no se justifica, como tampoco se justifica que se aplique la llamada ley del Talión, castigo que consiste en infligir al agresor un daño igual al causado por él. La violencia no resuelve nada; al contrario, engendra más violencia, y ese ciclo de violencia nunca se acaba. Por eso hay tantas víctimas de maltrato físico o verbal y de abuso deshonesto que tratan de igual modo a su cónyuge y a sus hijos. Lo aprenden de sus padres y parientes mayores, y luego se les hace casi imposible dejar de tratar con violencia a los miembros del hogar que forman ellos mismos.
A eso se debe que Jesucristo, en su conocido Sermón del Monte, enseñara: «Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo:... Si alguien te pega en una mejilla, vuélvele también la otra.... Ustedes han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo:... Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian,... oren por quienes los maltratan.»1
Cristo no sólo enseñó la no violencia, sino que la vivió y murió practicándola. Frente al falso testimonio, a la humillación y a los azotes que sufrió en su juicio inmerecido ante Pilato y Herodes, Jesús no se defendió en absoluto, ni siquiera de palabra. Y cuando lo clavaron a una cruz, puso en práctica su enseñanza de amar a quienes lo maltrataban y de orar por ellos diciendo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»2 Todo esto lo hizo Cristo porque su misión era amarnos hasta el punto de sufrir violencia y muerte por nosotros a fin de salvarnos de la violencia de este mundo y darnos paz. Fue así como dejó sentado el principio de que lo único que lo vence todo, incluso la violencia, es el amor.
1
Mt 5:38-40,43-44a; Lc 6:27-29ª
2
Lc 23:34
viernes, diciembre 19, 2008
¿Es biblico tener apòstoles hoy?
Juan Stam, Costa Rica
Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega apostolos.
El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente "enviar".
Por eso, (1) el sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). Un aspecto más específico de este sentido (2) ocurre en 2 Cor 8:23 y Fil 2:25 cuando mencionan "los mensajeros de las iglesias" (apostoloi ekkêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea. En tercer lugar (3), la palabra significa "misionero", que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, "enviar"). En este sentido Jesucristo es el "misionero" enviado por Dios (Heb 3:1). Como veremos más adelante, Cristo no era "apóstol" en el mismo sentido que los doce, sino como "enviado" y "misionero" del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Jn 20:21; Mr. 9:37; Mt 10:40; Jn 13.20: Jesús es el Enviado del Padre). El cuarto sentido (4) es lo que generalmente entendemos por "los apóstoles", como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría llamarse un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.
(Debe mencionarse aquí que en Cuba el término tiene otros matices, dado el papel de José Martí como "el Apóstol" para todos los cubanos. En ese contexto, "apóstol" suele ser una expresión de cariño y respeto pero no de autoridad ni en parangón directa con los doce apóstoles).
Dados estos diversos sentidos de la palabra "apóstol", es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los "apóstoles" de hoy toman pasajes donde el término significa "misionero" pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. La iglesia católica hace algo parecido con su " sucesión apostólica" a través de los siglos. Según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.
El trasfondo judío: El apostolado del Nuevo Testamento se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado ShaLiaJ, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esd 7:14; Dn 5:24; cf 2 Cron 17:7-9). El ShaLiaJ era una especie de plenipotenciario ad hoc. Eran comunes las fórmulas legales como "el que te recibe a tí me recibe a mi", "lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo" y muchos otros parecidos, que aparecen también en el Nuevo Testamento (Mr 9:37; Mt 16:19; Lc 10:16; Jn 13:20; 20:23). La comisión del ShaLiaJ era para una tarea específica y no era transferible a otras personas.
El paradigma definitivo, Hechos 1: Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel. Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado. La elección se limitó a "hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba" para que "uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección" (Hech 1:21). Además, la selección fue hecha por Cristo mismo (1:24; cf. 1:2). Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo.
Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; cf. 1 Jn 1:1-4) y de su resurrección (Hch 10:40-42; 1Co 15). Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús. La iglesia ahora es "apostólica" cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos en el Nuevo Testamento, y cumple así su "apostolado" misionero. Sobre el fundamento de ellos Cristo sigue construyendo la iglesia (Efes 2:20).
Es importante reconocer que esta sustitución de Judas por Matías es el único reemplazo de un apóstol, precisamente para completar el número de doce. Matías no era sucesor de Judas sino su reemplazo. Después, al morir los doce y Pablo, ni el Nuevo Testamento ni la historia de la iglesia narra la elección de algún sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó (Hech 12:2). El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14. Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de nuestros apóstoles de hoy.
Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo presencial del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos nuestros "apóstoles" de nuestros tiempos modernos.
El apóstol Pablo: El apostolado de Pablo fue severamente cuestionado, precisamente porque él no había sido uno de los discípulos, como requiere Hechos 1, aunque sí era contemporáneo de Jesús y sin duda testigo de su ministerio. Repetidas veces Pablo tiene que defender su llamado de apóstol, pero lo significativo es que lo defiende en los mismos términos básicos de Hechos 1: él también había visto al Resucitado (1 Cor 9:1; 1Cor 15), fue nombrado apóstol no por hombres sino por el mismo Cristo (Gal 1:1,15-17,19; cf. 1 Tim 1:1; 2:7), y él, igual que los doce, había realizado las señales de apóstol y la predicación del evangelio (2 Cor 12:12; cf. Rom 15:18-19). En 1 Corintios 9:1-6 Pablo se defiende contra los que negaban que él era apóstol:
¿No soy apóstol?¿No soy libre?¿No he visto a Jesús el Señor nuestro?¿No sois vosotros mi obra en el Señor?Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy;porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.
A continuación, Pablo responde a los que le acusan, afirmando que él tiene los mismos derechos de todos los apóstoles (9:3-6; cf. 2 Cor 11:5,13; 12:11s).
En este contexto, 1 Corintios 15 es especialmente importante. En este pasaje Pablo afirma vigorosamente la fe en la resurrección (15:1-8, 12-58) pero también, menos conspicuamente, defiende su propio apostolado (15:8-11). Después de definir el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (15:1-4), Pablo enumera una lista de los que podríamos llamar "los testigos autorizados de la resurrección" (15:5-8): Céfas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacob, después todos los apóstoles y al final Pablo mismo. Por eso, de las varias personas que el Nuevo Testamento llama apóstoles, sabemos que tenían que haber sido testigos presenciales de la resurrección.
Está claro que en este pasaje Pablo no está hablando sólo de visiones espirituales, como tuvo él mismo (2 Cor 12) y que tuvieron Esteban (Hech 7) o Juan (Apoc 4-5), que no podrían servir como evidencias de la resurrección corporal de Jesús. El verbo repetido en estos versículos de 1 Cor 15 es "apareció", y el sujeto activo es el Resucitado (cf. Gál 1:16). Eran visitaciones del Señor, apariciones por iniciativa de él, para demostrar la realidad de su resurrección. Se trata de revelaciones corporales como las de Cristo durante los cuarenta días, que constituyeron a sus receptores en testigos oculares del hecho. En ese sentido, Pablo reconoce que su propio caso es una anomalía, pues aunque era contemporáneo de Jesús, no había sido discípulo ni había estado presente con los discípulos durante los cuarenta días. Sin embargo, insiste en que su encuentro con Cristo en el camino a Damasco pertenecía a la misma serie de visitaciones especiales. Por otra parte, Pablo afirma que su encuentro con el Resucitado fue la última de la serie (15:8; cf. 1 Cor 4:9), sin posibilidad de otras. Para mayor énfasis, Pablo afirma que Cristo lo llamó al apostolado no sólo de último sino "como un abortivo" (Gr. ektrômati), una excepción. Pablo era un apóstol "nacido fuera del tiempo normal". No puede haber otros apóstoles después de él.
(Cuando Pablo dice en 2 Cor 5:16 que antes conocía a Cristo según la carne pero ahora no, es obvio que no quiere decir que ignoraba la vida de Jesús. Más bien, está diciendo que antes conocía a Cristo según criterios carnales (kata sarx), pero que ahora como creyente no conoce a nadie según la carne, lo que significa en ambos casos que ya conoce a todos según el Espíritu.)
Otros apóstoles: Este pasaje habla de "todos los apóstoles", además de los doce (1 Cor 15:7), pero todos ellos eran también testigos oculares de la resurrección. En cambio, de líderes que sabemos que no habían participado en esa experiencia, como Apolos y Timoteo, el Nuevo Testamente nunca los llama "apóstol". No podían ser apóstoles sin haber visto al Resucitado (y no sólo en visión mística). Por eso, de todas las demás personas llamadas "apóstol" podemos estar seguros de que habían sido testigos oculares del Resucitado o si no, eran apostoloi sólo en el sentido de "misioneros" o de "delegados congregacionales".
Es muy significativo que tanto los doce como Pablo aplican los mismos requisitos básicos para el apostolado: sólo pueden ser apóstoles los que habían visto al Cristo en su cuerpo resucitado y habían sido comisionados personalmente por él para ser testigos de su vida y resurrección. De estos, el último fue el apóstol Pablo. Los apóstoles cumplieron una función histórica. Obviamente, nadie que no sea del primer siglo puede ser testigo ocular de lo que nunca presenció.
Efesios 4:11: Frente a estas enseñanzas bíblicas muy claras, el mal llamado "movimiento apostólico" apela, sin interpretación cuidadosa, a unos pocos textos. El versículo principal es Efesios 4:11, tomado fuera de contexto. El pasaje completo es una cita modificada del Salmo 68:18 con introducción y conclusión:
Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,y dio dones a los hombres.Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.Y él mismo constituyó a unos, apóstoles;a otros, profetas;a otros, evangelistas;a otros, pastores y maestros.
El tema de Efesios 4:7-16 es la unidad de la iglesia con su diversidad de dones, todo orientado hacia el crecimiento del cuerpo (4:13-16). Pablo introduce este tema con una cita del Salmo 68, uno de los salmos más difíciles y con complicados problemas textuales. Pero el tema central de ese salmo está claro: Dios es un poderoso guerrero (68:35) que en diversos momentos ha descendido a la tierra para liberar a su pueblo (68:11-14,20-21) y después de su triunfo, sube al monte Sión (o al cielo) llevando cautivos (68:15-18,24,29,35) y reparte el botín entre su pueblo (68:12,18). Pablo adapta la cita en varias formas, especialmente cambiando "tomaste dones" (Sal. 68:18) en "dio dones" (Ef 4:8), para aplicar la cita a la ascensión de Cristo y la venida del Espíritu con sus dones. Al volver al cielo, el Cristo vencedor repartió el botín entre su pueblo. El énfasis cae sobre la ascensión de Cristo, el momento histórico-salvífico en que el Resucitado victorioso envió el Espíritu como botín de su triunfo.
El verbo "constituyó" (4:11, edôken, "dio") es un pretérito punctiliar, que describe algo que Cristo hizo cuando ascendió, conforme también al modelo del Salmo 68. No dice absolutamente nada sobre el futuro, si Cristo seguiría dando apóstoles a la iglesia, hasta su segunda venida, como podrían haber sugerido otros tiempos verbales. Como comenta I. Howard Marshall en el Comentario Bíblico Eerdmans (p.1389), "Puesto que esta carta vino de una época cuando estaban funcionando apóstoles y profetas, es imposible sacar alguna conclusión desde este pasaje sobre su continuación o no en la iglesia después".
De otros pasajes, como hemos visto, queda evidente que el apostolado no puede haber continuado después de morir los últimos testigos presenciales. En cambio, otros pasajes dejan claro que el don de profecía (y la falsa profecía) continuarían en la iglesia. Al ascender, Cristo dio un don que era de una vez para siempre (apóstoles) y otro que había de seguir hasta su venida (profetas). El llamado apostólico corresponde en eso a su origen en el encargo de ShaLiaJ, que no era transmisible.
Por otra parte, Pablo habla en 2 Cor 11:13 de "falsos profetas (pseudapostoloi), obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo" (cf. Ap 2:2; Didajé 11:3-6) y, quizá sarcásticamente, de "superapóstoles" (tôn huperlian apostolôn, 2 Cor 11:5; 12:11, NVI).
Conclusión: Dos de los grandes vicios de la iglesia evangélica hoy son la sed de poder, prestigio y riqueza de algunos de nuestros líderes, y entre los fieles el culto, ciego y casi idolátrico, a las personalidades famosas. Hay mucha obsesión con títulos, oficios y el poder lucir y ser importante. Se emplean constantemente las técnicas de publicidad y promoción del mundo secular. Eso es totalmente contrario al espíritu de Jesucristo y del evangelio. Mucho más acertado es el viejo refrán, "al pie de la cruz, todos somos párvulos".
Hace unos años, en un foro sobre el tema de los apóstoles, alguien intervino para decir, "Antes era suficiente el título de pastor, pero ahora con las enormes megaiglesias, llamarlos pastor les queda muy corto." ¡Al contrario! Si el título "pastor" les queda corto para ellos, ellos se quedan demasiado cortos para tan honrosa designación.
Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega apostolos.
El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente "enviar".
Por eso, (1) el sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). Un aspecto más específico de este sentido (2) ocurre en 2 Cor 8:23 y Fil 2:25 cuando mencionan "los mensajeros de las iglesias" (apostoloi ekkêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea. En tercer lugar (3), la palabra significa "misionero", que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, "enviar"). En este sentido Jesucristo es el "misionero" enviado por Dios (Heb 3:1). Como veremos más adelante, Cristo no era "apóstol" en el mismo sentido que los doce, sino como "enviado" y "misionero" del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Jn 20:21; Mr. 9:37; Mt 10:40; Jn 13.20: Jesús es el Enviado del Padre). El cuarto sentido (4) es lo que generalmente entendemos por "los apóstoles", como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría llamarse un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.
(Debe mencionarse aquí que en Cuba el término tiene otros matices, dado el papel de José Martí como "el Apóstol" para todos los cubanos. En ese contexto, "apóstol" suele ser una expresión de cariño y respeto pero no de autoridad ni en parangón directa con los doce apóstoles).
Dados estos diversos sentidos de la palabra "apóstol", es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los "apóstoles" de hoy toman pasajes donde el término significa "misionero" pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. La iglesia católica hace algo parecido con su " sucesión apostólica" a través de los siglos. Según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.
El trasfondo judío: El apostolado del Nuevo Testamento se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado ShaLiaJ, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esd 7:14; Dn 5:24; cf 2 Cron 17:7-9). El ShaLiaJ era una especie de plenipotenciario ad hoc. Eran comunes las fórmulas legales como "el que te recibe a tí me recibe a mi", "lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo" y muchos otros parecidos, que aparecen también en el Nuevo Testamento (Mr 9:37; Mt 16:19; Lc 10:16; Jn 13:20; 20:23). La comisión del ShaLiaJ era para una tarea específica y no era transferible a otras personas.
El paradigma definitivo, Hechos 1: Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel. Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado. La elección se limitó a "hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba" para que "uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección" (Hech 1:21). Además, la selección fue hecha por Cristo mismo (1:24; cf. 1:2). Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo.
Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; cf. 1 Jn 1:1-4) y de su resurrección (Hch 10:40-42; 1Co 15). Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús. La iglesia ahora es "apostólica" cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos en el Nuevo Testamento, y cumple así su "apostolado" misionero. Sobre el fundamento de ellos Cristo sigue construyendo la iglesia (Efes 2:20).
Es importante reconocer que esta sustitución de Judas por Matías es el único reemplazo de un apóstol, precisamente para completar el número de doce. Matías no era sucesor de Judas sino su reemplazo. Después, al morir los doce y Pablo, ni el Nuevo Testamento ni la historia de la iglesia narra la elección de algún sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó (Hech 12:2). El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14. Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de nuestros apóstoles de hoy.
Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo presencial del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos nuestros "apóstoles" de nuestros tiempos modernos.
El apóstol Pablo: El apostolado de Pablo fue severamente cuestionado, precisamente porque él no había sido uno de los discípulos, como requiere Hechos 1, aunque sí era contemporáneo de Jesús y sin duda testigo de su ministerio. Repetidas veces Pablo tiene que defender su llamado de apóstol, pero lo significativo es que lo defiende en los mismos términos básicos de Hechos 1: él también había visto al Resucitado (1 Cor 9:1; 1Cor 15), fue nombrado apóstol no por hombres sino por el mismo Cristo (Gal 1:1,15-17,19; cf. 1 Tim 1:1; 2:7), y él, igual que los doce, había realizado las señales de apóstol y la predicación del evangelio (2 Cor 12:12; cf. Rom 15:18-19). En 1 Corintios 9:1-6 Pablo se defiende contra los que negaban que él era apóstol:
¿No soy apóstol?¿No soy libre?¿No he visto a Jesús el Señor nuestro?¿No sois vosotros mi obra en el Señor?Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy;porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.
A continuación, Pablo responde a los que le acusan, afirmando que él tiene los mismos derechos de todos los apóstoles (9:3-6; cf. 2 Cor 11:5,13; 12:11s).
En este contexto, 1 Corintios 15 es especialmente importante. En este pasaje Pablo afirma vigorosamente la fe en la resurrección (15:1-8, 12-58) pero también, menos conspicuamente, defiende su propio apostolado (15:8-11). Después de definir el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (15:1-4), Pablo enumera una lista de los que podríamos llamar "los testigos autorizados de la resurrección" (15:5-8): Céfas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacob, después todos los apóstoles y al final Pablo mismo. Por eso, de las varias personas que el Nuevo Testamento llama apóstoles, sabemos que tenían que haber sido testigos presenciales de la resurrección.
Está claro que en este pasaje Pablo no está hablando sólo de visiones espirituales, como tuvo él mismo (2 Cor 12) y que tuvieron Esteban (Hech 7) o Juan (Apoc 4-5), que no podrían servir como evidencias de la resurrección corporal de Jesús. El verbo repetido en estos versículos de 1 Cor 15 es "apareció", y el sujeto activo es el Resucitado (cf. Gál 1:16). Eran visitaciones del Señor, apariciones por iniciativa de él, para demostrar la realidad de su resurrección. Se trata de revelaciones corporales como las de Cristo durante los cuarenta días, que constituyeron a sus receptores en testigos oculares del hecho. En ese sentido, Pablo reconoce que su propio caso es una anomalía, pues aunque era contemporáneo de Jesús, no había sido discípulo ni había estado presente con los discípulos durante los cuarenta días. Sin embargo, insiste en que su encuentro con Cristo en el camino a Damasco pertenecía a la misma serie de visitaciones especiales. Por otra parte, Pablo afirma que su encuentro con el Resucitado fue la última de la serie (15:8; cf. 1 Cor 4:9), sin posibilidad de otras. Para mayor énfasis, Pablo afirma que Cristo lo llamó al apostolado no sólo de último sino "como un abortivo" (Gr. ektrômati), una excepción. Pablo era un apóstol "nacido fuera del tiempo normal". No puede haber otros apóstoles después de él.
(Cuando Pablo dice en 2 Cor 5:16 que antes conocía a Cristo según la carne pero ahora no, es obvio que no quiere decir que ignoraba la vida de Jesús. Más bien, está diciendo que antes conocía a Cristo según criterios carnales (kata sarx), pero que ahora como creyente no conoce a nadie según la carne, lo que significa en ambos casos que ya conoce a todos según el Espíritu.)
Otros apóstoles: Este pasaje habla de "todos los apóstoles", además de los doce (1 Cor 15:7), pero todos ellos eran también testigos oculares de la resurrección. En cambio, de líderes que sabemos que no habían participado en esa experiencia, como Apolos y Timoteo, el Nuevo Testamente nunca los llama "apóstol". No podían ser apóstoles sin haber visto al Resucitado (y no sólo en visión mística). Por eso, de todas las demás personas llamadas "apóstol" podemos estar seguros de que habían sido testigos oculares del Resucitado o si no, eran apostoloi sólo en el sentido de "misioneros" o de "delegados congregacionales".
Es muy significativo que tanto los doce como Pablo aplican los mismos requisitos básicos para el apostolado: sólo pueden ser apóstoles los que habían visto al Cristo en su cuerpo resucitado y habían sido comisionados personalmente por él para ser testigos de su vida y resurrección. De estos, el último fue el apóstol Pablo. Los apóstoles cumplieron una función histórica. Obviamente, nadie que no sea del primer siglo puede ser testigo ocular de lo que nunca presenció.
Efesios 4:11: Frente a estas enseñanzas bíblicas muy claras, el mal llamado "movimiento apostólico" apela, sin interpretación cuidadosa, a unos pocos textos. El versículo principal es Efesios 4:11, tomado fuera de contexto. El pasaje completo es una cita modificada del Salmo 68:18 con introducción y conclusión:
Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,y dio dones a los hombres.Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.Y él mismo constituyó a unos, apóstoles;a otros, profetas;a otros, evangelistas;a otros, pastores y maestros.
El tema de Efesios 4:7-16 es la unidad de la iglesia con su diversidad de dones, todo orientado hacia el crecimiento del cuerpo (4:13-16). Pablo introduce este tema con una cita del Salmo 68, uno de los salmos más difíciles y con complicados problemas textuales. Pero el tema central de ese salmo está claro: Dios es un poderoso guerrero (68:35) que en diversos momentos ha descendido a la tierra para liberar a su pueblo (68:11-14,20-21) y después de su triunfo, sube al monte Sión (o al cielo) llevando cautivos (68:15-18,24,29,35) y reparte el botín entre su pueblo (68:12,18). Pablo adapta la cita en varias formas, especialmente cambiando "tomaste dones" (Sal. 68:18) en "dio dones" (Ef 4:8), para aplicar la cita a la ascensión de Cristo y la venida del Espíritu con sus dones. Al volver al cielo, el Cristo vencedor repartió el botín entre su pueblo. El énfasis cae sobre la ascensión de Cristo, el momento histórico-salvífico en que el Resucitado victorioso envió el Espíritu como botín de su triunfo.
El verbo "constituyó" (4:11, edôken, "dio") es un pretérito punctiliar, que describe algo que Cristo hizo cuando ascendió, conforme también al modelo del Salmo 68. No dice absolutamente nada sobre el futuro, si Cristo seguiría dando apóstoles a la iglesia, hasta su segunda venida, como podrían haber sugerido otros tiempos verbales. Como comenta I. Howard Marshall en el Comentario Bíblico Eerdmans (p.1389), "Puesto que esta carta vino de una época cuando estaban funcionando apóstoles y profetas, es imposible sacar alguna conclusión desde este pasaje sobre su continuación o no en la iglesia después".
De otros pasajes, como hemos visto, queda evidente que el apostolado no puede haber continuado después de morir los últimos testigos presenciales. En cambio, otros pasajes dejan claro que el don de profecía (y la falsa profecía) continuarían en la iglesia. Al ascender, Cristo dio un don que era de una vez para siempre (apóstoles) y otro que había de seguir hasta su venida (profetas). El llamado apostólico corresponde en eso a su origen en el encargo de ShaLiaJ, que no era transmisible.
Por otra parte, Pablo habla en 2 Cor 11:13 de "falsos profetas (pseudapostoloi), obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo" (cf. Ap 2:2; Didajé 11:3-6) y, quizá sarcásticamente, de "superapóstoles" (tôn huperlian apostolôn, 2 Cor 11:5; 12:11, NVI).
Conclusión: Dos de los grandes vicios de la iglesia evangélica hoy son la sed de poder, prestigio y riqueza de algunos de nuestros líderes, y entre los fieles el culto, ciego y casi idolátrico, a las personalidades famosas. Hay mucha obsesión con títulos, oficios y el poder lucir y ser importante. Se emplean constantemente las técnicas de publicidad y promoción del mundo secular. Eso es totalmente contrario al espíritu de Jesucristo y del evangelio. Mucho más acertado es el viejo refrán, "al pie de la cruz, todos somos párvulos".
Hace unos años, en un foro sobre el tema de los apóstoles, alguien intervino para decir, "Antes era suficiente el título de pastor, pero ahora con las enormes megaiglesias, llamarlos pastor les queda muy corto." ¡Al contrario! Si el título "pastor" les queda corto para ellos, ellos se quedan demasiado cortos para tan honrosa designación.
Aprenda a motivar
por Howard Hendricks
¿Cómo es posible vencer la inercia y poner en acción a un hombre? No importan todas las habilidades que una persona tenga, si esta carece de motivación, nadie la hará avanzar en su desarrollo. Por eso es tan importante que el pastor aprenda a motivar. Aquí encontrará ocho principios básicos para que se convierta en un motivador.
El problema más grande al cual se enfrenta el proceso educativo (y con el cual debe luchar todo líder) es el de la motivación. Es decir, cómo se puede vencer la inercia y poner en acción a un hombre. Siempre resulta más fácil dirigir un objeto que ya está en movimiento, que darle movimiento a uno detenido. Por esto, el líder debe estar siempre más interesado en la aplicación y el desarrollo que se le pueda dar a un hombre, que en sus habilidades. Todas las habilidades del mundo no ayudarán a una persona que carece de motivación.
Antes de considerar algunos conceptos que influyen en la motivación de un individuo, debemos definir claramente lo que es un motivo. Motivo es aquel factor en una persona que lo impulsa a realizar una acción determinada. Dentro de este concepto podemos encontrar dos clases de motivaciones: la motivación extrínseca, que no proviene del individuo sino de las cosas que lo rodean, y la motivación intrínseca, que sí proviene del individuo mismo.
Las motivaciones intrínsecas son siempre las más importantes, porque provienen netamente del individuo. A menudo, con los factores extrínsecos, el individuo tiende a hacer algo por la presión que se está ejerciendo sobre él, y no porque realmente lo desee. Este sería el caso de una persona en la iglesia que enseña en la Escuela Dominical porque «no hay nadie que lo haga». Si esa misma persona tuviera una motivación intrínseca, estaría enseñando porque realmente siente que eso es lo que desea estar haciendo. Por esta razón, el líder realmente efectivo va a desarrollar las motivaciones intrínsecas en sus congregaciones.
No debemos, sin embargo, desechar el uso de toda motivación externa. Las motivaciones extrínsecas tienen mucho valor, pero solamente cuando éstas sirven para despertar en el individuo sus motivaciones intrínsecas. Lamentablemente, en muchos casos se han usado las motivaciones externas sin que éstas apelen a las internas de la persona. El resultado es casi siempre el mismo: el individuo hace las cosas por obligación y de mala gana.
Una de las motivaciones extrínsecas más usadas es la de dar premios por ciertas acciones. Le prometemos a la persona que si ella hace esta tarea va a recibir tal o cual recompensa. El problema con este enfoque es que, en cuanto desaparezca el premio, la persona ya no sigue haciendo su tarea. La prueba contundente que siempre demuestra si una motivación extrínseca es buena o mala, es la de ver si ha ayudado al individuo a volverse una persona de iniciativa, que busca emprender nuevas actividades por sí solo.
Y bien... ¿Cómo podremos hacer mejor uso de las motivaciones a fin de ayudar a nuestras congregaciones a ministrar más efectivamente? Quisiera compartir con ustedes ocho formas que he encontrado muy eficaces.
EXPONGA LA PERSONA A LA REALIDAD
La primera forma de motivar a las personas es creando una necesidad al exponerlas a la realidad. De este modo, una persona puede responder a una necesidad que antes ignoraba. Sería el caso de una persona que no siente deseos de aliviar la carga de los pobres, porque no cree realmente que sea necesario, ni que el pobre sea tan pobre. Pero si damos a esa misma persona la oportunidad de estar expuesto a la realidad, ya sea visitando un sector marginado de la ciudad, o viviendo con una familia pobre por algunos días, va a ver que las necesidades son inmensas y que es mucho lo que se puede hacer. ¡No solamente esto, es muy probable que desee comenzar a hacer algo él mismo!
De la misma manera, no podemos motivar a una persona a cambiar de actitud o comportamiento si ella no percibe la necesidad de cambiar. Existen multitudes de personas que tienen abundancia de problemas, pero nunca hacen nada al respecto, porque no son conscientes de esos problemas en sus propias vidas. Y, en este sentido, he notado que nosotros, en los círculos cristianos, usamos una mala filosofía. No trabajamos en solucionar los problemas, sino que muchas veces nos dedicamos a enseñarles cosas que no necesitan en ese momento. Es como darle a un individuo una guía telefónica y pedirle que la memorice, «para el día en que instalen un teléfono en su casa».
Si no dedicamos tiempo para mostrar a las personas cuáles son sus necesidades y ofrecerles soluciones pertinentes, vamos a lograr pocos resultados como líderes.
Si observamos el ministerio de nuestro Señor Jesús, vamos a ver inmediatamente que ésta era una de sus reglas de trabajo. Él daba a sus discípulos suficiente enseñanza como para que pudieran ser eficaces en una situación. Luego los mandaba a practicar. Durante la práctica (al estar expuestos a la realidad) se daban cuenta de que les faltaba mucha más preparación. Entonces volvían al Señor llenos de preguntas y deseos de aprender. Luego el Señor procedía a darles un poco más de preparación mandándolos otra vez a practicar (y estar de nuevo expuestos a la realidad). De esta manera vemos que había un balance perfecto entre lo que recibían y lo que deseaban, como resultado de una constante exposición a la realidad.
Como pueden ver ustedes, lo que realmente ayuda a motivar a una persona es exponerla a la realidad, a los hechos y a las circunstancias reales de la vida. Esto no es solamente bueno para el individuo porque le ayuda a cambiar, sino también porque le da oportunidades de desarrollar su sentido de la responsabilidad y lo estimula al crecimiento.
Allí está su más importante responsabilidad como líder. Hacer que las personas desarrollen sus capacidades al máximo. Puede estar seguro de que cuanto más invierta en motivar a las personas, más desarrolladas van a estar. Y recuerde esto: cada vez que usted le da a una persona una responsabilidad que no requiere casi ningún esfuerzo, le está escamoteando una oportunidad para crecer. El Señor no se conformó con pedirle a los discípulos que ordenaran a las personas en grupos. Les dio una responsabilidad mucho más grande: «Denles de comer ustedes» (Mt. 14:13-21). Su impotencia frente a esto los motivó a aprender más de cómo ministrar adecuadamente. Cuando vea usted personas que pueden dar más, deles una mayor responsabilidad.
PROVEA ESTÍMULO Y RECONOCIMIENTO
Un segundo método por el cual se puede motivar efectivamente a una persona es proporcionándole estímulos y reconocimiento. A menudo ocurre que las personas se desaniman porque se les está señalando en forma constante lo que hacen mal, en vez de reconocer lo que hacen bien. Las constantes críticas tienden a desinflar hasta a los más entusiasmados.
El problema que he visto con gran frecuencia en muchos líderes es que tienden a entusiasmarse en gran manera con lo que ellos mismos están haciendo, pero tienen muy poco entusiasmo por lo que otros a su alrededor hacen. Recuerdo con gran claridad el caso de un joven médico que había descubierto una gran verdad en la Biblia. Como yo era su profesor, él se acercó a mí con gran entusiasmo para mostrarme lo que había encontrado. ¡Su entusiasmo era tal, que uno podía llegar a pensar que ni Calvino, ni Lutero, ni ningún otro gran teólogo en la historia de la iglesia habían descubierto eso! El asunto era que yo también había descubierto esa verdad hacía ya veinticinco años, cuando recién comenzaba a estudiar en el seminario. Si hubiera dicho esto, aquel estudiante se hubiera desilusionado grandemente. Así que dejé que él me contagiara con su entusiasmo y lo alenté a que me contara sobre lo que había descubierto. El hecho de que yo me mostrara interesado lo animó a seguir estudiando la Palabra en busca de otras verdades. El entusiasmo y el reconocimiento habían aumentado significativamente su motivación.
La verdadera prueba de la eficiencia de un maestro no se encuentra en lo que él sabe, sino en lo que saben sus alumnos. Sin la adecuada cantidad de reconocimiento y estímulo, ellos jamás van a tener la motivación para aprender lo que su maestro sabe. La desconfianza en nuestras propias habilidades es un resultado directo de la falta de estímulo y reconocimiento en nuestras vidas. No olvide el proveer siempre esto para los que usted está formando.
PROVEA MODELOS
Una tercera forma de motivar es por medio de una demostración de cómo deben hacerse las cosas. El problema con muchas de las iglesias es que tienen demasiadas personas que están dedicando su tiempo a exhortar a la congregación a «hacer» cosas, pero nadie explica y demuestra exactamente cómo deben ser hechas. Un exceso de exhortaciones no lleva a la acción, sino a un montón de personas con complejos de inferioridad y sentido de culpa. La realidad es que casi todos los creyentes saben lo que deben hacer, pero pocos lo hacen debido a que no se les ha mostrado de qué manera hacerlo.
Por ello, es importante que usted no se concentre solamente en exhortar, sino también en explicar y demostrar. La razón por la cual Cristo fue tan eficaz en motivar a los discípulos es que jamás les enseñó algo sin demostrarlo en su propia vida. Les exhortó a amar, porque Él amó; les exhortó a servir y Él sirvió; les exhortó a predicar y mostró cómo lo hacía Él, etcétera.
IRRADIE ENTUSIASMO
Usted puede motivar a las personas irradiando entusiasmo personal. Uno de los problemas más comunes con que se enfrenta el líder cristiano es el de seguir manteniendo el entusiasmo a través de los años. Muchas veces parece que el ministerio se vuelve una rutina aburrida que no tiene dinamismo alguno. Si usted se siente así, es muy lógico que no motive a nadie en la iglesia, pues esa actitud nos está diciendo que la vida cristiana es aburrida.
En cierta oportunidad tuve que hablar en una iglesia y sólo asistieron tres personas. El pastor se me acercó y me dijo: «Éste es uno de los problemas con estas personas, ellos no se entusiasman para nada y son incumplidores». Su actitud demostraba claramente que pensaba que era una pérdida de tiempo seguir con tan pocos. Luego de la reunión, me preguntó cuál me parecía que era el problema. «Si quiere que sea franco» —le dije— «le diría que usted es el problema. La prueba del verdadero líder se encuentra en la forma en que dirige una reunión. ¡Su entusiasmo debe ser tan grande cuando hay dos personas como cuando hay dos mil!»
El entusiasmo es contagioso. Si usted quiere motivar a su congregación, va a tener que demostrar abundantes cantidades de entusiasmo en todo lo que haga y diga.
Este método requiere mucho más trabajo que otros, pues uno debe estar dispuesto a demostrar todo lo que enseña. Sin embargo, lo desafío a invertir en esta forma de motivación: verá que los resultados serán realmente extraordinarios.
REMUEVA LAS BARRERAS EMOCIONALES
Creo firmemente que va a ser muy difícil motivar a una persona que está enojada, llena de rencor o dolorida por cierta razón. Lo que usted significa para una persona es mucho más importante que lo que usted pueda decirle o hacer por ella. Es más, esto va a determinar la manera en que escuchará lo que tenga que decirle. Entre un líder y sus seguidores, debe haber un clima de total aceptación.
Sea sincero con aquellos que le rodean: permítales verlo tal como es. A menudo he visto caer a algún líder por querer aparentar saber todas las cosas. Eso no produce aceptación; la gente se siente inhibida y, lo que es peor, también se da cuenta de que el líder no es honesto con ellos.
INTENSIFIQUE LAS RELACIONES PERSONALES
Recuerde siempre este principio: cuanto más cerca esté usted de una persona, cuanto más estrechos sean los lazos que los unen, más grandes serán las posibilidades de motivarlo. Nuestro problema es que muchas veces deseamos motivar a las personas sin conocerlas ni mostrar interés por sus vidas personales. Por esto, yo me he creado el hábito de aprovechar siempre los momentos informales en reuniones, porque se puede conocer a la gente y estrechar los vínculos.
Donde quiera que vaya, cultive las relaciones personales con quienes le rodean. Tómese tiempo para interiorizarse en lo que están viviendo otros. Elija también, de entre su congregación, algunas personas con las cuales pueda pasar gran cantidad de tiempo, conviviendo con ellos. Verá cuán motivados estarán cuando quiera alentarlos a una actividad determinada.
DEMUESTRE AMOR INCONDICIONAL
He dedicado veintisiete años a estudiar la vida de Jesús. Creo que ningún factor influyó tanto en el nivel de su motivación hacia los discípulos como el amor incondicional que Él demostró hacia ellos. Por más graves que fueran sus errores, siempre los siguió amando profundamente, a pesar de lo que eran. Es digno de notarse que el Señor nunca reprendió a los discípulos por sus errores: solamente los reprendió por su falta de fe. El amor produce lealtad, entrega y dedicación.
CREA EN LO QUE DIOS PUEDE HACER
Una de las lecciones más importantes que he aprendido a través de los años es que Dios no llama a una persona por lo que es, sino por lo que puede llegar a ser. Todas las personas tienen valor para la causa de Cristo y, como líderes, es nuestra responsabilidad comunicar esa verdad constantemente.
A menudo, tendemos a escapar de las personas que nos parecen medio «raras», y nos apegamos a aquellos que realmente parecen ser mucho «mejores». Pero, les diré, ha sido mi experiencia el ver que, caso tras caso, los que generalmente vemos como «raros» son los que llegan a ser los más fieles al Señor. ¿Por qué? Porque llegan a comprender sus posibilidades en el Señor y trabajan para lograr eso.
Cuando estuve en quinto grado tuve una maestra con la cual me llevaba muy mal. Ella siempre parecía estar disciplinándome por alguna cosa y, cuanto más lo hacía, más rebelde me tornaba. Después de un tiempo, había llegado a ser conocido entre los maestros como el «niño desobediente». Cuando pasé a sexto grado, la nueva maestra me llamó y me preguntó: «Tú eres Hendricks, ¿verdad?». Yo estaba aterrado, sabía que mi maestra de quinto grado le había contado de los muchos problemas que habíamos tenido. «Quiero decirte que aunque he oído mucho de ti, no creo nada de lo que me han dicho». Esta persona creía en mí, y mi confianza volvió a florecer. Mi sexto grado fue una hermosa experiencia.
Es mi deseo que esta oración pueda ser también la suya: «Padre, como motivador por excelencia que eres, acércanos a ti mediante tu amor. Te pido que me hagas un individuo contagiado por tu amor y que me recuerdes que tu especialidad es obrar lo imposible en la vida de los hombres. Que tomas individuos sin esperanza, desahuciados, y que los conviertes en hombres y mujeres de valor para el servicio de tu amado Hijo Jesús. Ayúdame a vivir de tal manera que pueda motivar a otros a servirte y amarte con vidas entregadas y comprometidas. Amén».
----------------------------------------------------------------------------------------
El presente trabajo fue adaptado de una presentación del autor en conferencias especiales de Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo. Usado con permiso. DesarrolloCristiano.com todos los derechos reservados.
¿Cómo es posible vencer la inercia y poner en acción a un hombre? No importan todas las habilidades que una persona tenga, si esta carece de motivación, nadie la hará avanzar en su desarrollo. Por eso es tan importante que el pastor aprenda a motivar. Aquí encontrará ocho principios básicos para que se convierta en un motivador.
El problema más grande al cual se enfrenta el proceso educativo (y con el cual debe luchar todo líder) es el de la motivación. Es decir, cómo se puede vencer la inercia y poner en acción a un hombre. Siempre resulta más fácil dirigir un objeto que ya está en movimiento, que darle movimiento a uno detenido. Por esto, el líder debe estar siempre más interesado en la aplicación y el desarrollo que se le pueda dar a un hombre, que en sus habilidades. Todas las habilidades del mundo no ayudarán a una persona que carece de motivación.
Antes de considerar algunos conceptos que influyen en la motivación de un individuo, debemos definir claramente lo que es un motivo. Motivo es aquel factor en una persona que lo impulsa a realizar una acción determinada. Dentro de este concepto podemos encontrar dos clases de motivaciones: la motivación extrínseca, que no proviene del individuo sino de las cosas que lo rodean, y la motivación intrínseca, que sí proviene del individuo mismo.
Las motivaciones intrínsecas son siempre las más importantes, porque provienen netamente del individuo. A menudo, con los factores extrínsecos, el individuo tiende a hacer algo por la presión que se está ejerciendo sobre él, y no porque realmente lo desee. Este sería el caso de una persona en la iglesia que enseña en la Escuela Dominical porque «no hay nadie que lo haga». Si esa misma persona tuviera una motivación intrínseca, estaría enseñando porque realmente siente que eso es lo que desea estar haciendo. Por esta razón, el líder realmente efectivo va a desarrollar las motivaciones intrínsecas en sus congregaciones.
No debemos, sin embargo, desechar el uso de toda motivación externa. Las motivaciones extrínsecas tienen mucho valor, pero solamente cuando éstas sirven para despertar en el individuo sus motivaciones intrínsecas. Lamentablemente, en muchos casos se han usado las motivaciones externas sin que éstas apelen a las internas de la persona. El resultado es casi siempre el mismo: el individuo hace las cosas por obligación y de mala gana.
Una de las motivaciones extrínsecas más usadas es la de dar premios por ciertas acciones. Le prometemos a la persona que si ella hace esta tarea va a recibir tal o cual recompensa. El problema con este enfoque es que, en cuanto desaparezca el premio, la persona ya no sigue haciendo su tarea. La prueba contundente que siempre demuestra si una motivación extrínseca es buena o mala, es la de ver si ha ayudado al individuo a volverse una persona de iniciativa, que busca emprender nuevas actividades por sí solo.
Y bien... ¿Cómo podremos hacer mejor uso de las motivaciones a fin de ayudar a nuestras congregaciones a ministrar más efectivamente? Quisiera compartir con ustedes ocho formas que he encontrado muy eficaces.
EXPONGA LA PERSONA A LA REALIDAD
La primera forma de motivar a las personas es creando una necesidad al exponerlas a la realidad. De este modo, una persona puede responder a una necesidad que antes ignoraba. Sería el caso de una persona que no siente deseos de aliviar la carga de los pobres, porque no cree realmente que sea necesario, ni que el pobre sea tan pobre. Pero si damos a esa misma persona la oportunidad de estar expuesto a la realidad, ya sea visitando un sector marginado de la ciudad, o viviendo con una familia pobre por algunos días, va a ver que las necesidades son inmensas y que es mucho lo que se puede hacer. ¡No solamente esto, es muy probable que desee comenzar a hacer algo él mismo!
De la misma manera, no podemos motivar a una persona a cambiar de actitud o comportamiento si ella no percibe la necesidad de cambiar. Existen multitudes de personas que tienen abundancia de problemas, pero nunca hacen nada al respecto, porque no son conscientes de esos problemas en sus propias vidas. Y, en este sentido, he notado que nosotros, en los círculos cristianos, usamos una mala filosofía. No trabajamos en solucionar los problemas, sino que muchas veces nos dedicamos a enseñarles cosas que no necesitan en ese momento. Es como darle a un individuo una guía telefónica y pedirle que la memorice, «para el día en que instalen un teléfono en su casa».
Si no dedicamos tiempo para mostrar a las personas cuáles son sus necesidades y ofrecerles soluciones pertinentes, vamos a lograr pocos resultados como líderes.
Si observamos el ministerio de nuestro Señor Jesús, vamos a ver inmediatamente que ésta era una de sus reglas de trabajo. Él daba a sus discípulos suficiente enseñanza como para que pudieran ser eficaces en una situación. Luego los mandaba a practicar. Durante la práctica (al estar expuestos a la realidad) se daban cuenta de que les faltaba mucha más preparación. Entonces volvían al Señor llenos de preguntas y deseos de aprender. Luego el Señor procedía a darles un poco más de preparación mandándolos otra vez a practicar (y estar de nuevo expuestos a la realidad). De esta manera vemos que había un balance perfecto entre lo que recibían y lo que deseaban, como resultado de una constante exposición a la realidad.
Como pueden ver ustedes, lo que realmente ayuda a motivar a una persona es exponerla a la realidad, a los hechos y a las circunstancias reales de la vida. Esto no es solamente bueno para el individuo porque le ayuda a cambiar, sino también porque le da oportunidades de desarrollar su sentido de la responsabilidad y lo estimula al crecimiento.
Allí está su más importante responsabilidad como líder. Hacer que las personas desarrollen sus capacidades al máximo. Puede estar seguro de que cuanto más invierta en motivar a las personas, más desarrolladas van a estar. Y recuerde esto: cada vez que usted le da a una persona una responsabilidad que no requiere casi ningún esfuerzo, le está escamoteando una oportunidad para crecer. El Señor no se conformó con pedirle a los discípulos que ordenaran a las personas en grupos. Les dio una responsabilidad mucho más grande: «Denles de comer ustedes» (Mt. 14:13-21). Su impotencia frente a esto los motivó a aprender más de cómo ministrar adecuadamente. Cuando vea usted personas que pueden dar más, deles una mayor responsabilidad.
PROVEA ESTÍMULO Y RECONOCIMIENTO
Un segundo método por el cual se puede motivar efectivamente a una persona es proporcionándole estímulos y reconocimiento. A menudo ocurre que las personas se desaniman porque se les está señalando en forma constante lo que hacen mal, en vez de reconocer lo que hacen bien. Las constantes críticas tienden a desinflar hasta a los más entusiasmados.
El problema que he visto con gran frecuencia en muchos líderes es que tienden a entusiasmarse en gran manera con lo que ellos mismos están haciendo, pero tienen muy poco entusiasmo por lo que otros a su alrededor hacen. Recuerdo con gran claridad el caso de un joven médico que había descubierto una gran verdad en la Biblia. Como yo era su profesor, él se acercó a mí con gran entusiasmo para mostrarme lo que había encontrado. ¡Su entusiasmo era tal, que uno podía llegar a pensar que ni Calvino, ni Lutero, ni ningún otro gran teólogo en la historia de la iglesia habían descubierto eso! El asunto era que yo también había descubierto esa verdad hacía ya veinticinco años, cuando recién comenzaba a estudiar en el seminario. Si hubiera dicho esto, aquel estudiante se hubiera desilusionado grandemente. Así que dejé que él me contagiara con su entusiasmo y lo alenté a que me contara sobre lo que había descubierto. El hecho de que yo me mostrara interesado lo animó a seguir estudiando la Palabra en busca de otras verdades. El entusiasmo y el reconocimiento habían aumentado significativamente su motivación.
La verdadera prueba de la eficiencia de un maestro no se encuentra en lo que él sabe, sino en lo que saben sus alumnos. Sin la adecuada cantidad de reconocimiento y estímulo, ellos jamás van a tener la motivación para aprender lo que su maestro sabe. La desconfianza en nuestras propias habilidades es un resultado directo de la falta de estímulo y reconocimiento en nuestras vidas. No olvide el proveer siempre esto para los que usted está formando.
PROVEA MODELOS
Una tercera forma de motivar es por medio de una demostración de cómo deben hacerse las cosas. El problema con muchas de las iglesias es que tienen demasiadas personas que están dedicando su tiempo a exhortar a la congregación a «hacer» cosas, pero nadie explica y demuestra exactamente cómo deben ser hechas. Un exceso de exhortaciones no lleva a la acción, sino a un montón de personas con complejos de inferioridad y sentido de culpa. La realidad es que casi todos los creyentes saben lo que deben hacer, pero pocos lo hacen debido a que no se les ha mostrado de qué manera hacerlo.
Por ello, es importante que usted no se concentre solamente en exhortar, sino también en explicar y demostrar. La razón por la cual Cristo fue tan eficaz en motivar a los discípulos es que jamás les enseñó algo sin demostrarlo en su propia vida. Les exhortó a amar, porque Él amó; les exhortó a servir y Él sirvió; les exhortó a predicar y mostró cómo lo hacía Él, etcétera.
IRRADIE ENTUSIASMO
Usted puede motivar a las personas irradiando entusiasmo personal. Uno de los problemas más comunes con que se enfrenta el líder cristiano es el de seguir manteniendo el entusiasmo a través de los años. Muchas veces parece que el ministerio se vuelve una rutina aburrida que no tiene dinamismo alguno. Si usted se siente así, es muy lógico que no motive a nadie en la iglesia, pues esa actitud nos está diciendo que la vida cristiana es aburrida.
En cierta oportunidad tuve que hablar en una iglesia y sólo asistieron tres personas. El pastor se me acercó y me dijo: «Éste es uno de los problemas con estas personas, ellos no se entusiasman para nada y son incumplidores». Su actitud demostraba claramente que pensaba que era una pérdida de tiempo seguir con tan pocos. Luego de la reunión, me preguntó cuál me parecía que era el problema. «Si quiere que sea franco» —le dije— «le diría que usted es el problema. La prueba del verdadero líder se encuentra en la forma en que dirige una reunión. ¡Su entusiasmo debe ser tan grande cuando hay dos personas como cuando hay dos mil!»
El entusiasmo es contagioso. Si usted quiere motivar a su congregación, va a tener que demostrar abundantes cantidades de entusiasmo en todo lo que haga y diga.
Este método requiere mucho más trabajo que otros, pues uno debe estar dispuesto a demostrar todo lo que enseña. Sin embargo, lo desafío a invertir en esta forma de motivación: verá que los resultados serán realmente extraordinarios.
REMUEVA LAS BARRERAS EMOCIONALES
Creo firmemente que va a ser muy difícil motivar a una persona que está enojada, llena de rencor o dolorida por cierta razón. Lo que usted significa para una persona es mucho más importante que lo que usted pueda decirle o hacer por ella. Es más, esto va a determinar la manera en que escuchará lo que tenga que decirle. Entre un líder y sus seguidores, debe haber un clima de total aceptación.
Sea sincero con aquellos que le rodean: permítales verlo tal como es. A menudo he visto caer a algún líder por querer aparentar saber todas las cosas. Eso no produce aceptación; la gente se siente inhibida y, lo que es peor, también se da cuenta de que el líder no es honesto con ellos.
INTENSIFIQUE LAS RELACIONES PERSONALES
Recuerde siempre este principio: cuanto más cerca esté usted de una persona, cuanto más estrechos sean los lazos que los unen, más grandes serán las posibilidades de motivarlo. Nuestro problema es que muchas veces deseamos motivar a las personas sin conocerlas ni mostrar interés por sus vidas personales. Por esto, yo me he creado el hábito de aprovechar siempre los momentos informales en reuniones, porque se puede conocer a la gente y estrechar los vínculos.
Donde quiera que vaya, cultive las relaciones personales con quienes le rodean. Tómese tiempo para interiorizarse en lo que están viviendo otros. Elija también, de entre su congregación, algunas personas con las cuales pueda pasar gran cantidad de tiempo, conviviendo con ellos. Verá cuán motivados estarán cuando quiera alentarlos a una actividad determinada.
DEMUESTRE AMOR INCONDICIONAL
He dedicado veintisiete años a estudiar la vida de Jesús. Creo que ningún factor influyó tanto en el nivel de su motivación hacia los discípulos como el amor incondicional que Él demostró hacia ellos. Por más graves que fueran sus errores, siempre los siguió amando profundamente, a pesar de lo que eran. Es digno de notarse que el Señor nunca reprendió a los discípulos por sus errores: solamente los reprendió por su falta de fe. El amor produce lealtad, entrega y dedicación.
CREA EN LO QUE DIOS PUEDE HACER
Una de las lecciones más importantes que he aprendido a través de los años es que Dios no llama a una persona por lo que es, sino por lo que puede llegar a ser. Todas las personas tienen valor para la causa de Cristo y, como líderes, es nuestra responsabilidad comunicar esa verdad constantemente.
A menudo, tendemos a escapar de las personas que nos parecen medio «raras», y nos apegamos a aquellos que realmente parecen ser mucho «mejores». Pero, les diré, ha sido mi experiencia el ver que, caso tras caso, los que generalmente vemos como «raros» son los que llegan a ser los más fieles al Señor. ¿Por qué? Porque llegan a comprender sus posibilidades en el Señor y trabajan para lograr eso.
Cuando estuve en quinto grado tuve una maestra con la cual me llevaba muy mal. Ella siempre parecía estar disciplinándome por alguna cosa y, cuanto más lo hacía, más rebelde me tornaba. Después de un tiempo, había llegado a ser conocido entre los maestros como el «niño desobediente». Cuando pasé a sexto grado, la nueva maestra me llamó y me preguntó: «Tú eres Hendricks, ¿verdad?». Yo estaba aterrado, sabía que mi maestra de quinto grado le había contado de los muchos problemas que habíamos tenido. «Quiero decirte que aunque he oído mucho de ti, no creo nada de lo que me han dicho». Esta persona creía en mí, y mi confianza volvió a florecer. Mi sexto grado fue una hermosa experiencia.
Es mi deseo que esta oración pueda ser también la suya: «Padre, como motivador por excelencia que eres, acércanos a ti mediante tu amor. Te pido que me hagas un individuo contagiado por tu amor y que me recuerdes que tu especialidad es obrar lo imposible en la vida de los hombres. Que tomas individuos sin esperanza, desahuciados, y que los conviertes en hombres y mujeres de valor para el servicio de tu amado Hijo Jesús. Ayúdame a vivir de tal manera que pueda motivar a otros a servirte y amarte con vidas entregadas y comprometidas. Amén».
----------------------------------------------------------------------------------------
El presente trabajo fue adaptado de una presentación del autor en conferencias especiales de Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo. Usado con permiso. DesarrolloCristiano.com todos los derechos reservados.
Eligiendo un buen Ministro
Una de las tareas más difíciles que enfrenta una iglesia es elegir a un buen ministro. Un miembro de una junta oficial que tenía que cumplir con ese angustiante proceso, finalmente perdió la paciencia. Acabada de presenciar cómo el comité de relaciones pastorales rechazaba solicitante tras solicitante, por alguna falta menor… real o imaginaria. Era el momento de que el mismo comité se hiciera un examen de conciencia. Así que ese hombre se levantó y leyó está carta, dando a entender que era de un solicitante.
Caballeros:
Entiendo que su púlpito está vacante y me gustaría solicitar el cargo. Lleno con muchos requisitos. he sido un predicador con mucho éxito y también he tenido algunos triunfos como escritos. Algunos dicen que soy un buen organizador. He sido líder en la mayoría de los lugares donde he estado.
Tengo más de 50 años de edad y nunca he predicado en un lugar por más de tres años. En algunos lugares, he dejado el pueblo después de mi trabajo ha ocasionado disturbios y levantamientos. Debo admitir que he estado en la cárcel tres o cuatro veces, pero no a causa de alguna fechoría.
Mi salud no es muy buena, aunque todavía hay muchas cosas que puedo llevar a cabo. Las iglesias en las que he predicado han sido pequeñas, aunque han estado ubicadas en varias ciudades grandes.
No me he llevado muy bien con los líderes religiosos de los pueblos donde he predicado. En realidad, algunos me han amenazado y hasta me han atacado físicamente. No soy muy bueno para llevar registros. Se me conoce por olvidarme de los que he bautizado.
Sin embargo, si pueden utilizarme, prometo hacer mi mejor esfuerzo.
EL miembro de la junta se dirigió al comité diciendo:
-Bueno, ¿qué piensan ustedes? ¿Lo llamamos?
¡Las honorables personas de la iglesia estaban pasmadas!¿Considera a un enfermizo, buscapleitos, distraído, ex presidiario? ¿Estaba loco el miembro de la junta? ¿Quién firmaba sus solicitud? ¿Quién había tenido esa colosal desfachatez?
El miembro de la junta los contempló a todos con agudeza, antes de replicar:
-Está firmada por el apóstol Pablo.
1 Pedro 2:9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable.
Fuente: Sopa de Pollo para el Alma del Cristiano, Editorial HCI
Caballeros:
Entiendo que su púlpito está vacante y me gustaría solicitar el cargo. Lleno con muchos requisitos. he sido un predicador con mucho éxito y también he tenido algunos triunfos como escritos. Algunos dicen que soy un buen organizador. He sido líder en la mayoría de los lugares donde he estado.
Tengo más de 50 años de edad y nunca he predicado en un lugar por más de tres años. En algunos lugares, he dejado el pueblo después de mi trabajo ha ocasionado disturbios y levantamientos. Debo admitir que he estado en la cárcel tres o cuatro veces, pero no a causa de alguna fechoría.
Mi salud no es muy buena, aunque todavía hay muchas cosas que puedo llevar a cabo. Las iglesias en las que he predicado han sido pequeñas, aunque han estado ubicadas en varias ciudades grandes.
No me he llevado muy bien con los líderes religiosos de los pueblos donde he predicado. En realidad, algunos me han amenazado y hasta me han atacado físicamente. No soy muy bueno para llevar registros. Se me conoce por olvidarme de los que he bautizado.
Sin embargo, si pueden utilizarme, prometo hacer mi mejor esfuerzo.
EL miembro de la junta se dirigió al comité diciendo:
-Bueno, ¿qué piensan ustedes? ¿Lo llamamos?
¡Las honorables personas de la iglesia estaban pasmadas!¿Considera a un enfermizo, buscapleitos, distraído, ex presidiario? ¿Estaba loco el miembro de la junta? ¿Quién firmaba sus solicitud? ¿Quién había tenido esa colosal desfachatez?
El miembro de la junta los contempló a todos con agudeza, antes de replicar:
-Está firmada por el apóstol Pablo.
1 Pedro 2:9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable.
Fuente: Sopa de Pollo para el Alma del Cristiano, Editorial HCI
La mejor època de la vida
A un grupo de chicos y adultos se les preguntó en un programa de televisión cuál es la mejor edad en la vida."Dos meses, porque te llevan en brazos, y te aman y te cuidan mucho"."Tres años, porque no tienes que ir a la escuela. Puedes hacer casi todo lo que quieres y juegas todo el tiempo"."Dieciocho años, porque ya terminaste el secundario puedes conducir un automóvil"."Veinticinco, porque tienes más entusiasmo".Una niña de tres años dijo: "La mejor edad es los veintinueve años, porque entonces puedes quedarte en casa, dormir y no hacer nada"."Cuarenta, porque estas en la cúspide de tu vida y tu vitalidad"."Cincuenta y cinco años, porque ya has cumplido con la responsabilidad de criar hijos y puedes disfrutar de la vida de los nietos"."Sesenta y cinco, porque puedes disfrutar la jubilación".La última persona, una señora mayor comentó: "Todas las edades son buenas, por lo tanto, disfruten la edad que tienen ahora".Si le presentamos nuestra vida a Dios cuando somos jóvenes, como un suave pétalo de rosa, tenemos más para ofrecerle y más para disfrutar. Pero si le sacamos a esa rosa un pétalo por cada año que nos demoramos, para cuando alcancemos el invierno de la vida no vamos a tener más que un tallo desnudo para darle a Dios, y muy poco tiempo para disfrutar.Ahora es la época de tu vida, pero el mejor momento para rendirle nuestra vida a Dios es cuando somos jóvenes.Eclesiástes 12:1,6-7Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud...antes que la cadena de plata se quiebre...y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.Fuente: En el Jardín con Dios, Editorial Unilit
www.RenuevoDePlenitud.com
» Suscríbete aquí
Recibe Reflexiones Gratuitas como ésta diariamente en tu email Suscríbiendote aca:www.RenuevoDePlenitud.com-Comentarios? ingresa a: - www.RenuevodePlenitud.com -Ver Reflexiones anteriores: http://www.renuevodeplenitud.com/cristianos/reflexionesNota: Los temas o reflexiones distribuidas en este grupo, son de dominio público ó de autores desconocidos, a menos que sea especificado. Renuevodeplenitud no se acredita la autoría de estos.Reflexiones
jueves, diciembre 18, 2008
Un Hombre del Pueblo
Un Hombre del Pueblo
14 de diciembre Entonces Moisés habló al SEÑOR, diciendo: Ponga el SEÑOR, Dios de los espíritus de toda carne, un hombre sobre la congregación, Numbers 27:15-16 LBLA)
Ponga – Pocos líderes manifiestan el carácter de Moisés. Hay razones por las que fue llamado el hombre más humilde que jamás caminó sobre la tierra. Si miramos con cuidado, vemos justo aquí esta humildad sorprendente, al final de su vida. La solicitud de Moisés nos debería instruir sobre el verdadero liderazgo, y no tiene nada que ver con el centro del escenario ni las manifestaciones divinas de poder.
Repite la escena. Dios habla a Moisés, diciéndole que suba a la montaña a ver la Tierra Prometida. Moisés se entera que él no entrará pues hace años desobedeció. Morirá en el desierto, sin poner pie en la tierra que ha dedicado su vida a poseer. Imagínate como habríamos respondido nosotros con nuestra preocupación por la gracia.
“Señor, esto no es justo. Mis pecados han sido cubiertos. Tú me has perdonado. He dedicado toda mi vida a tu servicio. Merezco cosechar mi recompensa. Además, este pueblo me necesita.”
Moisés, el hombre entrenado para convertirse en faraón, ya ha vivido la destrucción de uno de sus sueños. Su visión de liberar a su pueblo como cabeza de Egipto murió hace cuarenta años. Ahora Dios le informa que por un ínfimo error de juicio hace años, el otro gran sueño de Moisés también se evaporará. Pocos de nosotros habríamos respondido como lo hizo Moisés.
Y como responde Moisés. No pide nada para el mismo. No emite una sola palabra de queja. No propone una sola excusa. Su respuesta se enfoca completamente en el pueblo. Pide a Dios que se asegure de remplazarlo con alguien de confianza. Moisés acepta instantáneamente el juicio de Dios e inmediatamente dispone su atención en el bienestar del mismo pueblo que ha sido carga tan grande. Moisés manifiesta liderazgo verdadero. Su vida no se trata de lo que desea él. Se trata de lo mejor para el pueblo de Dios.
Moisés pide a Dios que ponga un nuevo pastor. La raíz hebrea es paqad. Significa mucho más que “poner” Algunos matices de éste verbo incluyen “atender, prestar atención, buscar y asignar.” El contexto usualmente determina el significado, pero el trasfondo contiene el sabor de todos estos. Moisés podría preguntarle a Dios que simplemente nombre a alguien, pero parece más probable que le pide a Dios que examine, busque y asigne al nuevo pastor perfecto que será su remplazo. No es cualquiera que hará esto. Este tiene que ser el hombre idóneo para el trabajo, y solo Dios es capaz de determinar precisamente quién es el hombre correcto. He aquí otra característica del verdadero liderazgo. Dejo el nombramiento de mi remplazo en las manos de Dios.
Claro que nosotros tendemos a ejecutar nuestra propia planificación de sucesión. Intentamos dejar nuestra selección en nuestro puesto, usualmente porque deseamos que alguien continúe nuestro maravilloso legado. Nota que esta no es una preocupación de Moisés. Moisés no se interesa quién le siga siempre y cuando sea la decisión de Dios. Una vez más vemos que Moisés no piensa en el mismo, ni siquiera en su reputación. Su única preocupación es que el pueblo tenga al pastor escogido por Dios. Tenemos mucho que aprender, ¿no es así?
Índice Temático: Liderazgo
Printer-friendly Version
Copyright 2003-2008 © Skip Moen and AtGodsTable.com. All Rights Reserved.Articles may be reproduced in whole under the following provisions: 1) A proper credit must be given to the author at the end of each story, along with a link to http://www.atgodstable.com/ 2) Content may not be arranged or "mirrored" as a competitive online service.
If you have not subscribed to "Today's Word", signup with us online at http://www.atgodstable.com
14 de diciembre Entonces Moisés habló al SEÑOR, diciendo: Ponga el SEÑOR, Dios de los espíritus de toda carne, un hombre sobre la congregación, Numbers 27:15-16 LBLA)
Ponga – Pocos líderes manifiestan el carácter de Moisés. Hay razones por las que fue llamado el hombre más humilde que jamás caminó sobre la tierra. Si miramos con cuidado, vemos justo aquí esta humildad sorprendente, al final de su vida. La solicitud de Moisés nos debería instruir sobre el verdadero liderazgo, y no tiene nada que ver con el centro del escenario ni las manifestaciones divinas de poder.
Repite la escena. Dios habla a Moisés, diciéndole que suba a la montaña a ver la Tierra Prometida. Moisés se entera que él no entrará pues hace años desobedeció. Morirá en el desierto, sin poner pie en la tierra que ha dedicado su vida a poseer. Imagínate como habríamos respondido nosotros con nuestra preocupación por la gracia.
“Señor, esto no es justo. Mis pecados han sido cubiertos. Tú me has perdonado. He dedicado toda mi vida a tu servicio. Merezco cosechar mi recompensa. Además, este pueblo me necesita.”
Moisés, el hombre entrenado para convertirse en faraón, ya ha vivido la destrucción de uno de sus sueños. Su visión de liberar a su pueblo como cabeza de Egipto murió hace cuarenta años. Ahora Dios le informa que por un ínfimo error de juicio hace años, el otro gran sueño de Moisés también se evaporará. Pocos de nosotros habríamos respondido como lo hizo Moisés.
Y como responde Moisés. No pide nada para el mismo. No emite una sola palabra de queja. No propone una sola excusa. Su respuesta se enfoca completamente en el pueblo. Pide a Dios que se asegure de remplazarlo con alguien de confianza. Moisés acepta instantáneamente el juicio de Dios e inmediatamente dispone su atención en el bienestar del mismo pueblo que ha sido carga tan grande. Moisés manifiesta liderazgo verdadero. Su vida no se trata de lo que desea él. Se trata de lo mejor para el pueblo de Dios.
Moisés pide a Dios que ponga un nuevo pastor. La raíz hebrea es paqad. Significa mucho más que “poner” Algunos matices de éste verbo incluyen “atender, prestar atención, buscar y asignar.” El contexto usualmente determina el significado, pero el trasfondo contiene el sabor de todos estos. Moisés podría preguntarle a Dios que simplemente nombre a alguien, pero parece más probable que le pide a Dios que examine, busque y asigne al nuevo pastor perfecto que será su remplazo. No es cualquiera que hará esto. Este tiene que ser el hombre idóneo para el trabajo, y solo Dios es capaz de determinar precisamente quién es el hombre correcto. He aquí otra característica del verdadero liderazgo. Dejo el nombramiento de mi remplazo en las manos de Dios.
Claro que nosotros tendemos a ejecutar nuestra propia planificación de sucesión. Intentamos dejar nuestra selección en nuestro puesto, usualmente porque deseamos que alguien continúe nuestro maravilloso legado. Nota que esta no es una preocupación de Moisés. Moisés no se interesa quién le siga siempre y cuando sea la decisión de Dios. Una vez más vemos que Moisés no piensa en el mismo, ni siquiera en su reputación. Su única preocupación es que el pueblo tenga al pastor escogido por Dios. Tenemos mucho que aprender, ¿no es así?
Índice Temático: Liderazgo
Printer-friendly Version
Copyright 2003-2008 © Skip Moen and AtGodsTable.com. All Rights Reserved.Articles may be reproduced in whole under the following provisions: 1) A proper credit must be given to the author at the end of each story, along with a link to http://www.atgodstable.com/ 2) Content may not be arranged or "mirrored" as a competitive online service.
If you have not subscribed to "Today's Word", signup with us online at http://www.atgodstable.com
LOS NIÑOS DE HOY NECESITAN
Los niños de hoy necesitan con desesperación padres que...jueguen a tirar y agarrar la pelota, disfruten las reuniones de té o luchen porque el corazón de un niño está allí y partan a conquistarlo....rían hasta que les duela el vientre y las lágrimas caigan de sus ojos mientras en secreto crean profunda amistad y recuerdos que duren toda una vida....cometan errores pero considérenlos oportunidades maravillosas para aprender....coloquen en la agenda de su vida un concierto preescolar desafinado o un juego de pelota de niños de diez años, porque son de un infinito valor para aquellos que participan en ellos....amen en todo momento, porque el amor es un don dado libremente y no una recompensa por buenos servicios....escuchen mirando a los ojos y con ambos oídos, incluso cuando esto signifique arrodillarse sobre una rodilla....admitan cuando estén equivocados y trabajen para arreglar las cosas....escuchen de los necesitados y digan: ¡Hagamos algo para ayudarlos, ahora mismo! y activen un fuego incontrolable de generosidad y bondad....den el crédito a los demás y otorguen poder a los que impacten para que tengan éxito en todo lo que hagan....modelen el amor como acción, compromiso y verdad, incluso cuando duela porque crean que Dios puede obrar milagros aun en el corazón más duro....amen al Señor con todo su corazón, alma y mente, y sepan que el resto es solo detalles.El corazón de cada niño late al ritmo del amor del padre.Proverbios 22:6Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.Fuente: Historias de aliento para el corazón de un padre, Editorial Unilit
www.RenuevoDePlenitud.com
www.RenuevoDePlenitud.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)